Extrañar a un amigo que ya no está te hace más fuerte de lo que crees

Perder un amigo es uno de los dolores más fuertes pero te deja una gran lección de vida

Todos perdemos personas en la vida. Algunas porque toman un nuevo camino y se distancian y otras porque cumplen su ciclo en esta vida terrenal. Nada es permanente; es un hecho que se nos enseña desde que somos pequeños pero que entendemos conforme vamos creciendo y enfrentando diferentes pérdidas. Sin embargo, por más que nos preparan para las despedidas, nunca se vuelve algo fácil.

Perder un amigo es especialmente difícil. Este puede ser alguien con quien creciste, desde un compañero de clase, hasta un familiar o incluso una pareja. Al final, un amigo es esa persona que está a tu lado en las buenas y las malas, que conoce tus secretos y que se convirtió en un elemento clave en tu vida.

No importa cuánto pienses que te has preparado, las despedidas siempre son un golpe al corazón.  Un momento esa persona está frente a ti, contándote las historias más ridículas pero divertidas y al siguiente sólo es un recuerdo, una sombra que no puedes ver, escuchar o sentir.

Perder un amigo es devastador pero de una u otra forma termina por volverte más fuerte.

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Cada vez que recuerdas a esa persona, tu alma crece un poco. Quizá no te des cuenta en ese momento pero las pérdidas te ponen a prueba en todos los sentidos y cada día que aceptas que alguien ya no está, te vuelves más fuerte. 

La muerte es permanente, no puedes volver el tiempo atrás. Puedes creer en la vida después de la muerte y puedes creer en la reencarnación, pero algo más poderoso sucede cuando la imagen de tu amigo sigue presente en tu día a día a través de sus enseñanzas.

De pronto te vuelves más consciente de la muerte, y poco a poco vuelves a respirar. Con los días, te vas liberando de la pesadez de su ausencia y aprendes a sonreír.

Habrá días en los que te sientas triste pero recuerdas respirar profundo y vuelves a lo tuyo. Otros días quizá se vuelva más difícil; días en los que el vacío en ti es tan grande que pareciera que no podrás levantarte de la cama. Sin embargo es en los momentos de mayor oscuridad cuando esa misma persona te impulsará sin que te des cuenta. Porque sigue siendo luz en tu vida y aunque no esté físicamente, serás capaz de sentir su calidez dándote una palmada de ánimo en la espalda.

No hay una solución rápida para el dolor pero sí hay una forma de trabajarlo poco a poco. El golpe es inevitable pero con el tiempo, aprendes a sobrellevarlo mejor. 

Aceptar que las cosas son como son es parte del proceso de sanar. No hay un manual que diga cuánto tiempo debe tomarte pero es un hecho que debes aprender a seguir con tu vida; por esa persona, por quienes te aman y sobretodo, por ti.

Permítele a tu corazón sanar. Perder a un amigo es un dolor inexplicable pero créeme cuando te digo que es algo que te hace más fuerte. Las pérdidas te llevan a hacer tregua con tu pasado y lo haces al aceptarlo, perdonarte y seguir adelante.

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Sin importar que tu corazón se estruje o se rompa en mil pedazos, tu alma se ha vuelto inquebrantable. Has aprendido a sonreír aún en la adversidad y aún cuando sientes que todo se derrumba alrededor, tu resiliencia te ha ayudado a sanar las heridas.

Está permitido llorar, está permitido no querer salir de la cama un día. Pero también está permitido reír ante los recuerdos de sus anécdotas o sonreír con tan sólo pensar en su voz. 

Un día recordarás su rostro y cómo no querría que llores o que te sigas torturando porque nunca tuvo la intención de causarte tanto dolor. Tu amigo sería incapaz de hacerte ese mal. Fue simplemente un momento terrible o el destino, como quieras verlo.

Al final, lo extrañarás para siempre porque nada volverá a ser igual. Quiz{a cueste un poco volver a tu rutina diaria, pero de vez en cuando sonreirás al cielo y agradecerás a quien sea por dejarlo ser parte de tu vida. Es así como te darás cuenta de lo fuerte que has sido.

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