Colombia

Opinión: Verónica Alcocer, la María Antonieta Colombiana que mostró el ‘cambio’ que no fue

A la reina francesa la terminaron guillotinando por su despilfarro. A Verónica Alcocer le ocurrió lo mismo con la opinión pública.

Verónica Alcocer y María Antonieta
Análisis y opinión sobre el legado de la Primera Dama Verónica Alcocer

*Las opiniones de la columnista no representan las del portal.

Hay que abordar, todo sea dicho, todo con honestidad, como primera medida. En 2022, luego de las heridas del gobierno de Duque y lo que hizo en el Paro Nacional, fui una de las fervientes seguidoras de Petro. Y cuando ví que su entonces esposa Verónica comenzaba a usar moda colombiana y que bailaba como yo, música del Caribe, ella me fascinó.

La conocí en una reunión que tuvo con muchas personas de la moda en abril de ese año, me tomé una foto con ella y nos habló de cómo Andrés Otálora había diseñado alguno de sus vestidos. Ese encuentro me permitió, posteriormente, entrevistarla en su apartamento. Me seguía pareciendo una mujer desenfadada y cool. La llegué a defender ante los ataques rancios de quienes la señalaban por bailar (y todavía lo hago), y la última vez que la vi, la entrevisté en Colombiamoda 2023 en el desfile de Diego Guarnizo.

Poco a poco, esa imagen se me comenzó a caer. Si bien seguí reseñando sus looks de moda colombiana en sus viajes, comenzaban a aparecer los reportajes sobre lo que le pagaba a Nerú, por ejemplo. El país hizo un circo sobre ello. Luego, los gastos de sus viajes. Luego, lo que había pasado en su círculo íntimo. Luego, los gastos de representación y por supuesto, el cómo manejaba los puestos de poder en su departamento natal. Sin contar, claro, lo ue


Lo peor: las explicaciones no eran suficientes ni contundentes. Verónica seguía dando una imagen de “white savior” que no se ajustaba mucho a lo que se demandaba de ella: transparencia. Desde ahí comencé a pensar que había algo turbio. Y que si bien, hasta la fecha, no merece esos ataques misóginos y crueles, ella tampoco hizo absolutamente nada de raíz (y sí, debió ser ella, no Petro) para generar un vínculo honesto con muchas de las personas que la criticaban por su estilo de vida y lo que hacía con las posiciones de poder.

Claro, si fuera una persona privada, ella podría gastarse el dinero que quiera. No en la política moderna, donde la reina Letizia y el rey Felipe tienen que dar informe de cómo usan su dinero. Donde la ‘Gaviota’, ante las mismas acusaciones, tuvo que dar la cara en México, en el gobierno de su ex marido, Peña Nieto. Donde incluso Michelle Obama, al ser cuestionada por su uso de la moda, tuvo que aclarar que su ropa venía de su fortuna, o regalos.

Podría sonar un tema banal, pero a la reina María Antonieta le terminaron cortando la cabeza por ver su uso de la moda como un ‘derroche’ ante el pueblo muerto de hambre. Eso, lastimosamente, no ha cambiado en todos estos siglos si se habla de mujeres que ejercen o no el poder en la política, pero que sí están en todos estos espacios. Y una mujer como Verónica Alcocer, que pudo haber salido al paso a esos ataques, quedó irremediablemente ligada a ellos.

Del Cambio... a María Antonieta

No es la primera vez que sucede. A ‘Tutina’ de Santos, embajadora de la moda colombiana y muy querida por eso, también le llegaron a criticar por eso. Su sucesora, María Juliana Ruíz, fue criticada por el uso de un avión del gobierno - además de ser comparada con su antecesora, más hegemónica, de una manera misógina- .Porque a pesar de que el mundo cambie, en Colombia sigue primando la imagen de la Primera Dama con rasgos de señorialidad, pasividad y un elemento de “clase” tan rancio y excluyente como el de hace siglos.

Verónica Alcocer, claramente, fue blanco de todos estos ataques en los cuatro años del gobierno de Petro, muchos, de manera injusta.

El punto es que la vida privada comenzó a entrecruzarse con la pública. El punto también es que los gastos de una vida en Europa (que ella sirvió en bandeja a sus detractores) debieron invertirse mejor en comunicaciones claras y transparentes. Contundentes.

En tomar medidas para que una mujer que prometía renovar ese papel tan ambiguo y discutido, pudiera hablar claramente a las personas que con justa razón veían cómo ella usaba relojes de más de cincuenta millones de pesos y se iba a viajar, y tomar medidas al respecto. Y ahí falló tanto como su marido: comunicativamente, dejan la imagen del Ejecutivo como un desorden y un desastre. Y nunca quisieron tomar medidas, a tiempo, para poder cambiar ese patrón de acciones o mucho menos explicarlas.

De nada sirve tener un equipo haciendo las mismas acciones durante cuatro años, besando niños indígenas o de cualquier comunidad vulnerable, si no eres capaz de explicar qué haces por otro lado con el dinero que los colombianos te damos. De nada sirve esa imagen cuasi que maternal, a lo Lady Di que quisiste dar, si por otro lado no sabes cómo encarar lo que te preguntan de manera justa: no es tu dinero, es el nuestro. Y si no es el nuestro, debiste aclararlo.

Verónica Alcocer olvidó, o no quiso enterarse nunca, que ser primera dama no es una plataforma para lanzarse ella misma a la esfera política. Implica también tener una responsabilidad política compartida que no solamente incluía poner votos o poner a personas cercanas tuyas en puestos donde gente hubiera estado mejor preparada. Implicaba defender el gobierno de tu entonces esposo de todos los ataques de malversación, derroche y corrupción que él había señalado ante los presidentes anteriores.

Lastimosamente, ser un faro moral implica actuar como tal y justo sucedió al revés.

Una encuesta de 2024 revelaba que nadie conocía lo que hacía ella. Y la escena política no perdona: las caricaturas se multiplicaron. Las críticas también. Porque no era cuestión de comprar un masajista o irse lejos de un país que te reclamaba tus deberes políticos, así como disfrutabas de sus privilegios. Era cuestión de tener un equipo de comunicaciones que te hiciera ver más que una ‘Virgen María’.

Nadie cree eso mientras lucha por llegar a final de mes y ve a la esposa del presidente sin aclarar cómo maneja por su parte las arcas del Estado (a pesar de lo que diga Petro, para muchos es como Patricia Fernández de ‘Betty la Fea’ en día de paga), con cosas carísimas. Hasta las familias reales europeas no son tan tontas: Kate Middleton se la pasa repitiendo vestidos, cosa por la que la adoran y la adoraba la reina Isabel.

La guillotina sigue siendo un buen aleccionador en Europa, en todo caso.

Nunca, nunca, eso sí, ni ella ni las hijas merecieron tantos ataques tan bajos y viles sobre sus apariencias o vidas. Pero lastimosamente, en el ejercicio político la representación es lo que queda y cuenta, y si se alimenta, crece.

Lo supo muy tarde la reina María Antonieta, que pudo haber salido al paso ante las acusaciones falsas por las que el pueblo francés la detestó. No lo supo nunca esta primera dama saliente, que en vez de dejar un legado por sí misma, se le compara con la ‘Madame Déficit’ que por sus gastos fue guillotinada.

Verónica Alcocer ya hace mucho tiempo lo fue para la opinión pública. Y qué pesar.

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