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La ubicación de Ailín Pérez en preliminares reabre el debate sobre posible machismo en la UFC

La decisión de ubicar a Ailín Pérez, actual número 7 del ranking mundial en su división y con récord 5-1 en UFC, en las peleas preliminares, mientras Kevin Borjas, con marca 1-3, figura en la cartelera principal, encendió un debate que va más allá de una simple programación: ¿prima el negocio o persiste un sesgo estructural en la mayor empresa de artes marciales mixtas?

Ailín Pérez
Ailín Pérez Su ubicación en preliminares reabre el debate sobre posible machismo en la UFC

La reciente cartelera de la UFC volvió a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cómo se define realmente el orden de las peleas? La polémica surgió cuando se confirmó que Ailín Pérez, con récord 5-1 en la organización y actualmente rankeada #7 del mundo en peso gallo femenino, aparecería en la parte preliminar del evento. En contraste, Kevin Borjas, con un registro de 1-3 en la compañía y sin ranking en su división, integraría la cartelera principal.

En términos estrictamente deportivos, el contraste es evidente. Pérez llega en mejor momento competitivo, mejor posicionada en el ranking oficial y con mayor proyección dentro de su categoría. Borjas, en cambio, aún busca consolidarse en la empresa tras resultados irregulares.

¿Cómo se arma una cartelera en la UFC?

La UFC organiza sus eventos priorizando variables como mercado local, potencial de audiencia, narrativa previa, contratos televisivos y atractivo comercial de determinadas divisiones.

Históricamente, las divisiones masculinas han generado mayores ventas de pago por evento (PPV). Aunque las peleas femeninas sí han tenido interés, el equilibrio pleno aún está en construcción.


En ese contexto, la empresa puede argumentar que la decisión responde a estrategia comercial y no a una valoración deportiva inferior.

¿Machismo o lógica de mercado?

Aquí es donde el debate se vuelve más complejo. Quienes señalan machismo sostienen que el mérito deportivo debería pesar más que el género. Si una atleta está entre las siete mejores del mundo en su categoría, su posición en la cartelera debería reflejarlo.

Otros analistas, en cambio, advierten que el problema no es necesariamente un acto individual de discriminación, sino una estructura histórica donde las divisiones masculinas siguen siendo consideradas más “rentables”. Es decir, podría tratarse de una lógica empresarial heredada de décadas donde el deporte fue dominado por hombres.

Sin embargo, el hecho de que estas decisiones se repitan con frecuencia alimenta la percepción de desigualdad. La pregunta clave es si la UFC está haciendo lo suficiente para equilibrar visibilidad, promoción y oportunidades.

Un debate que trasciende una pelea

Más allá de esta cartelera específica, el caso pone en evidencia un fenómeno más amplio: la lucha constante por la equidad en el deporte profesional. Las mujeres en la UFC han demostrado competitividad, técnica y capacidad de convocatoria. El crecimiento del MMA femenino es innegable.

Porque cuando una atleta mejor rankeada queda relegada frente a un colega con peores resultados, la pregunta no es solo deportiva. Es estructural. Y en el deporte global del siglo XXI, la equidad ya no es un tema secundario: es parte central del espectáculo.

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