Pareja

Guardar las apariencias no debe ser más importante que ser feliz en tu propia relación

La presión social es algo real e incluso nos puede llevar a alargar vínculos más de lo que deberían.

Irina Baeva y Gabriel Soto están al borde de la ruptura, o al menos eso es lo que parece por su actitud fría y distante en público, así como los rumores constantes en los medios de comunicación.

Después de vivir un romance muy público y donde abundaba la pasión, no se les ve compartiendo juntos en eventos, participando en campañas publicitarias, siguen atrasando la fecha de la boda e incluso estuvieron largos periodos separados por compromisos laborales de la actriz.

Esto y más (como el presunto interés del actor en su colega, Sara Corrales) para muchos es prueba de que todo terminó, pero ellos siguen manteniendo el discurso de que permanecen juntos, aunque sus actitudes digan lo contrario.

Se especula, incluso, que han fingido estar bien por un contrato que tienen con una marca de zapatos y que los ha obligado a permanecer juntos mediáticamente desde hace 4 meses. Esto llegaría a su fin en enero, cuando expire la relación con la marca.

“Gabriel comenzó a perder confianza en la rusa (…) él llegó a sentir que la empatía, los temas de conversación con la pareja, la superficialidad y el poco interés que ella (Irina) tenía con sus hijas, lo estaban llevando a tener una crisis antes de la boda”,

—   expresó el periodista Gabriel Cuevas hace tiempo.

Terminar una relación, seamos famosos o no, siempre será complicado y más cuando es demasiado pública o las familias están compenetradas. La presión social es algo real e incluso nos puede llevar a alargar vínculos más de lo que deberían para darles una nueva oportunidad.

Sin embargo, el caso de Irina Baeva y Gabriel Soto nos recuerda que ni guardar las apariencias, el miedo a separar a nuestros conocidos o cualquier trabajo, vale más que nuestra propia felicidad, tranquilidad y oportunidad de cerrar ciclos como es debido.

Esto solo alarga el sufrimiento de la pérdida, no nos permite tomar distancia y sanar, así como también genera ilusiones de que las cosas cambiarán o serán diferentes. En situaciones así, siempre debemos ponernos en primer lugar, porque somos muy valiosas como para estar atrapadas en una relación que nos hace infelices.

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