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Un viaje heroíco hacía tu niña interior: ¿Qué le dirías?

Te has preguntado alguna vez cómo está esa niña que si se caía y se volvía a levantar, y porqué ahora no lo puede hacer.

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Cuántos sabemos reconocer el valor de la gratitud, de la gratitud a esos recuerdos que se gestaron en nuestra infancia, de aquellos buenos y malos momentos que hoy hicieron a la mujer que eres hoy en día. En esos recuerdos que viajan en la memoría de mi infancia están plasmadas las caídas y levantadas que le di a mi cuerpo físico, las mismas que me fortalecieron en ese momento.

Sin embargo, haciendo un viaje al pasado; esa niña interior siente que hay algo que necesita sanar. Hay heridas que no se notan en el cuerpo, pero en el alma sí, y son más fuertes y profundas de lo que podrías pensar.

Para María Sol Espinosa, especialista en terapia emocional “todos debemos reencontrarnos con esa niña y sanar pese a que no todas las experiencias de la infancia hayan sido traumáticas”.

María Sol Espinosa.

Renconcialiarnos con nuestra infancia

La historia que yo me cuento de los 0 a los 7 años nos va dando una referencia de lo que es el mundo y como enfrentarlo. A raíz de eso genero mi mecanismo de sobrevivencia al mundo real. De los 7 a los 14 años ese concepto que formé de alguna manera se rectifica volviéndose en mi una manera de actuar.

Hay que dejar claro que si durante estos años no hubo ningún evento que haya marcado mi vida, pues claramente se verá reflejado en mi vida adulta. Pero si en algún momento hubo una herida que me afectó, se verá reflejado en mis conductas, en mis estructuras, que cada vez me harán rectificar ese error que me hirió.

Debes tener muy claro que no puedes cambiar tus raíces, tus padres, hermanos o familiares. No puedes cambiar su forma de entender las cosas o su personalidad. Ahora bien, para ser emocionalmente libre debes sanar su influencia en ti misma. Tú eres lo que importa en este caso y tú quién está sufriendo.

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Tus emociones no son tus enemigas, tampoco te definen

El abandono es una de las principales heridas que empieza a ser el reflejo de apego emocional, de relaciones tóxicas. Esto es claro por ejemplo: cuando llega una persona que nos da un poco de cariño inmediatamente nos aferramos a la relación, a la persona y a quedarnos ahí, sin contar las cosas malas que puedan existir. Esto sucede como un mecanismo de defensa para no volver a sentir esa sensación de abandono. Uno de los refuerzos de esta herida es decirse a si mismo está bien como eres, lo lograste sola/o.

La injusticia es una herida que se caracteriza por ser un ser rígido difícil de expresar sus sentimientos y que se desvincula del afecto y la intimidad. Esto es con base en la primera infancia, esa infancia que denota unos cuidadores frÍos, autoritarios y exigentes. Los mismos que en su vida adulta se convierten en personas orgullosas, que les afecta el que dirán, entre otras características fuertes.Uno de los refuerzos es decirnos está bien ser vulnerables, si necesitamos ayuda la podemos pedir.

La traición no es más que una percepción de que los cuidadores no cumplieron con esas cosas que ofrecieron causando una herida que más adelante se verá reflejada en la frialdad al momento de actuar o de sentir, poca tolerancia en cualquier circunstancia, se llegan a alejar de sus propias emociones. Uno de los refuerzos es decirnos está bien ser vulnerables, si necesitamos ayuda la podemos pedir.

La humillación vive en constante desaprobación, crítica o burla de cualquier actividad que realiza. Su mayor temor siempre será ser rechazado o humillado. Está en contaste resentimiento consigo mismo y su entorno. Además, se le dificulta poner límites y es ente de constante abuso. Uno de los refuerzos es decirnos no estamos obligados a complacer a nadie.

Sanar de manera consciente

Libérate, asume que ya no tienen por qué hacerte daño aquellos momentos, intenta perdonar, pero avanza a la vez poniendo límites. Sana las palabras dichas o no dichas, sana el dolor de la decepción  o los desprecios, deja ir las cargas y a su vez, levanta la voz para dejar claro que ya no eres igual al pasado, y que ahora eres libre emocionalmente.

Los adultos que tienen a su niño interior saludable no se reprimen cuando ansían hacer algo no propio de su edad. Como por ejemplo, pasar por un parque y montarse en un columpio, ya que no les importará que la gente se extrañe. Y hasta se ría de ellos. Al contrario que un adulto que no ha logrado sanar, y siente que debe contar con la aprobación del resto o le teme a las críticas.

Lo cierto es que no hay nada más conmovedor que regresar al pasado y encontrarte con una niña tranquila, en paz y dispuesta a enfrentar su vida adulta con herramientas nuevas y diferentes a las que alguna vez intentaron plasmarse en su vida.

En las diferentes redes sociales de nuestra amiga y especialistas María Sol Espinosa podrás encontrar algunos ejes reflexivos que te ayudarán en este maravilloso proceso.

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