"Más allá de restaurar la belleza": No te pierdas la columna del Doctor Héctor Valdés

Tras un reciente viaje que realizó a Beirut, para curar a gente que quedó herida tras la explosión del pasado 4 de agosto en el puerto del Líbano, el cirujano reflexiona acerca de cómo las cirugías pueden mejorar una vida y ayudar a superar un trauma.

Sin duda la vida de miles libaneses cambio drásticamente después del pasado 4 de agosto.

La explosión de casi tres mil toneladas de nitrato de amonio que estaba en el almacén del puerto del Líbano, dejo a más de 4.000 personas heridas y cerca de 200 fallecidos, desatando una verdadera catástrofe humanitaria, dejando a miles de familias sin hogar y literalmente viviendo en la calle.

Junto a un equipo médico viajamos a Beirut para prestar nuestra ayuda, aportar con nuestro grano de arena y hacer lo que más nos apasiona.

Nos llegaron muchas fotografías de los casos que debíamos tratar, niños, adolescentes, adultos y personas de avanzada edad, con graves heridas, cicatrices y marcas en su rostro y cuerpo, producto de los impactos que recibieron de trozos de metal, cristales, cemento y todos los escombros que volaron por los aires ese día tras la explosión.

Esta visita me hizo reforzar muchas ideas que siempre me dan vuelta en la cabeza. La primera sobre lo vulnerables y frágiles que somos. Nadie en ninguna parte del mundo tiene su vida asegurada. Un accidente puede cambiar todo en un par de segundos. Por lo mismo, que importante es valorar todo lo que tenemos. Muchas veces vivimos quejándonos de pequeñeces y mirando la vida con desesperanza. Debemos vivir cada día pensando en entregar lo mejor de nosotros, obrando con ética y buscando el bien común.

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Este grave accidente se debió a la negligencia de funcionarios públicos que dejaron olvidada por años una carga explosiva requisada. A menudo pensamos que la corrupción es sólo de los políticos. Pero la debemos erradicar del interior de la sociedad, de las instituciones públicas y privadas, al interior de las empresas, en nuestro trabajo. La corrupción nace del egoísmo, del individualismo, del querer siempre sacar el mejor provecho. Al contrario, cuando pensamos en el resto, y compartimos nuestra experiencia, nuestros conocimientos y nuestro trabajo, somos los más enriquecidos.

Segundo, me hizo reflexionar sobre el concepto de belleza.  Mucho más allá del aspecto físico de mejorar las heridas, lo que las personas esperaban con sus cuidados, era dejar atrás y olvidar este evento traumático. La explosión, además de dejar huellas en el cuerpo generó un dolor más grande. Muchos libaneses perdieron familiares, conocidos y amigos.

Este es el gran sentido de nuestro trabajo, intentar borrar esas marcas que acompañan esas pérdidas, pero también de otras cicatrices que puede dejar una enfermedad tan amenazante como el cáncer de mamas o cualquier otra lesión traumática.

Más allá de restaurar la belleza, lo que buscamos es el equilibrio emocional, para volver a ver el presente y el futuro de una manera más alegre y optimista.

En este viaje a Medio Oriente, una vez más fuimos testigos de la fuerza de las personas en querer salir adelante, incluso cuando no cuentan con un apoyo organizado y sistemático para solventar sus pérdidas.

Volvimos a encontrarnos con la enorme nobleza de las mujeres. Muchas de ellas sufrieron más lesiones por abrazar y proteger a sus hijos, que por causa del estallido.  Debieron postergar las atenciones médicas y curaciones, para seguir trabajando y atender a sus seres queridos en un escenario muy complejo, donde la familia y toda la sociedad aún viven las consecuencias traumáticas del accidente.

Pude observar y sentir la belleza más sublime, esa que no se ve, que todos tenemos y que un bisturí no puede modificar ni arreglar. Esa que como muy bien resume unas de las frases más célebres de Antoine de Saint Exupery en su libro El Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”.  Pude verla en los ojos, las sonrisas y en los gestos del pueblo libanés. Una tierra llena de contrastes, en donde los rascacielos se entremezclan con edificios semi abandonados testigos de su guerra civil, donde la religión y política se confunden entre sí, donde occidente y oriente conviven de una forma bien particular y en donde el dolor y la esperanza son los dos sentimientos que marcan la vida de sus habitantes.

Lo lindo de ayudar ha sido descubrir que la fortaleza y el optimismo son claves para salir adelante y ver el mundo de colores.

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