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Maternidad 13/04/2021

¿Debo dejar que mi bebé se acostumbre a una mantita de apego?

El bebé siente seguridad cuando tiene esta mantita porque le recuerda a su mamá.

Las mantitas de sueño, o colechos como también se les conoce, son un recurso que se utiliza frecuentemente en los bebés para ayudarles a dormir, por eso también se les puede llamar “mantitas o trapitos de apego” o “mantitas de seguridad”, entre otras variedades.

La manta de apego es de alguna manera la representación de su mamá. Le brinda seguridad, sensación de acompañamiento al bebé.

El bebé siente seguridad cuando tiene esta mantita porque le recuerda a casa, a lo seguro, a su mamá, a su vida feliz y a que le cuidan y le protegen.

En muchos países y culturas es bastante común dejarle a los bebés, en su cuna o camita, una camisa de su madre o una mantita que huela a la mamá para tranquilizarlo cuando está nervioso, pero la mejor manera de tranquilizarlo es en brazos, piel con piel, según los expertos.

Un eterno debate

Pero, muchas madres se preguntan: ¿debo dejar que mi bebé se acostumbre a una mantita de apego?.

El debate es largo y extenso, algunos pediatras consideran que es el uso de las mantitas de apegos en viables, pero para otros es un objeto “algo peligroso” en los bebés.

Entre las ventajas de las mantitas de apego se pueden enumerar las siguientes:

– La manta de apego se utiliza para garantizar un sueño tranquilo al bebé, en ausencia o cercanía de su madre. La mamá podría dormir por al menos tres noches con ella para que su olor quede impregnado en la tela.

– Una mantita de apego le traerá al bebé paz de espíritu y seguridad, particularmente a la hora de dormir o cuando necesite consuelo.

– La manta de apego es de alguna manera la representación de su mamá. Le brinda seguridad, sensación de acompañamiento, confianza y protección.

Los expertos recomiendan que lo mejor es que los bebés usen las tradicionales mantitas de apego hasta pasado el año de edad.

En esta etapa, al niño se le debe ayudar a tener una mayor independencia emocional hacia ese objeto (la mantita) y a su vez tener más autonomía.

Peligro latente

Los bebés se mueven mucho mientras duermen por lo que las probabilidades de que una mantita o similar le cubra la cara y le asfixie son bastante elevadas. 

Del otro extremo de la balanza algunos pediatras consideran las mantas de apego como un objeto bastante peligroso, por lo que su uso debe ser vigilado constantemente.

Según los expertos, cuando un bebé está en sus primeros meses de vida existe el riesgo del Síndrome de Muerte Súbita en Lactantes y muerte por asfixia y por este motivo no se debe dejar a un bebé dormir con ningún tipo de manta de apego, hasta que por lo menos tenga un año de edad.

Además tampoco se le deben dejar en la cuna mantas, edredones, cubrecamas o cualquier tipo de ropa de cama.

Incluso, una almohada debe evitarse hasta que el bebé haya cumplido por lo menos 24 meses para evitar cualquier riesgo de asfixia.

Aunque parezca imposible los bebés se mueven mucho mientras duermen por lo que las probabilidades de que una mantita o similar le cubra la cara y le asfixie son bastante elevadas.

Cuando el pequeño supera los 12 meses el riesgo de morir por una asfixia se reduce considerablemente porque la mayoría de estos niños pueden darse la vuelta y moverse.

¿Dejar que se acostumbre?

Aunque en el momento que el niño se siente apegado a su mantita parezca que lo querrá siempre, es tan sólo un objeto de transición y momentáneo que le ayudará a pasar de la dependencia a la independencia emocional.

Algunos pediatras coinciden en que no es malo que los niños tengan su manta y no se les debe prohibir tenerla.

Los expertos aseguran que con el tiempo será el propio niño quien empezará a renunciar a su mantita de apego porque aprenderá y desarrollará otras técnicas para el control de la ansiedad, del estrés y para aprender a calmarse por sí solo.

Añaden, además, que normalmente entre los 3 y 5 años la mantita de apego va perdiendo protagonismo. Pero esto depende de cada niño, pues años después podrían sentir la necesidad de vincularse nuevamente con el objeto, si se sienten angustiados o cursando situaciones extremas.

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