Quiere mucho a tus hijos, pero no dejes de quererte a ti misma

Si tú estás bien, tu hijo también lo estará.

¿Se acuerdan de Peter Pan? Ese eterno niño que se niega a crecer y a hacerse responsable de sí mismo, y quien se refugia en la isla de Nunca Jamás para evitar encarar ese destino inevitable. En la historia, es Wendy su contraparte: una niña que, impulsada en gran parte por los roles de género, asume las tareas de cuidado, se preocupa por él y se desvive por que no le falte nada, al punto de olvidarse de sí misma.

En la vida real se le conoce como síndrome de Wendy, en honor al personaje de Peter Pan. Las mamás sobreprotectoras, cuya vida gira alrededor de sus hijos, son un ejemplo de ello. Muchas necesitan recordar que sus necesidades de tiempo, espacio y autocuidado también son importantes.

El Síndrome de Wendy

Las mamás Wendy son controladoras: se encargan de las tareas importantes para que los demás no tengan que hacerlas, tratan de agradarle a los demás haciendo cosas para ellos, eliminan los obstáculos en el camino de sus hijos para ahorrarles la molestia… Básicamente son capaces de sacrificarse a sí mismas por sus hijos y harían cualquier cosa por ellos, incluso olvidarse de su propia existencia.

Si empiezas a reconocer el síndrome Wendy en ti misma, no te preocupes. Hay una palabra mágica que te ayudará a empezar a cambiar esa situación y es NO: NO a asumir todas las tareas y responsabilidades, NO a tratar de caerle bien a todo el mundo, NO a olvidarte de ti misma.

Las madres necesitamos tiempo y espacio, tenemos nuestros propios gustos e intereses y somos personas individuales con un mundo más allá del “ser para otros”. Tómate el tiempo suficiente para recuperar esas partes de ti que has relegado, cuídate y deja que los demás empiecen a hacerse responsables de sí mismos. Van a estar bien, te lo prometo.

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