Así es un día en la vida caótica de una mamá moderna

Una mamá no conoce el descanso

Son las 9 PM, hora perfecta para acostar niños, abandonar el celular y cualquier otro aparato electrónico, y acostarse a descansar. Por supuesto, también es la única hora del día que tienes para ti misma, por lo que aprovechas para leer, hacer manualidades, limpiar a fondo, perderte en Pinterest durante más de 40 minutos, preparar el uniforme de mañana y tomarte el cafecito (que ya está frío, pues lo olvidaste en el horno otra vez).

Ahora son las 12:33 y, claro, no estás dormida

Tu plan es levantarte a las cinco de la mañana para tomar café (caliente, ahora sí). Sin embargo, cuando dan las seis, quieres seguir durmiendo. Presionas snooze una y dos veces hasta que te convences de ponerte en pie, despertar a los niños, buscar los calcetines y los zapatos perdidos, preparar un lunch con el que nunca están conformes (siempre quieren pizza o hot cakes, no ese sándwich de jamón que hiciste con tanto cariño) y, por fin, salir de casa.

Después de dejar a los niños temprano (de puro milagro), llegas derrapando al trabajo. Había junta a primera hora de la mañana (el horario lo decidió alguien que no tiene hijos, seguramente) y no te das cuenta de que tienes el saco manchado de leche, papilla o cualquier sustancia que el bebé te haya dejado embarrada como recuerdo.

¡Y no sólo eso! Mientras trabajas eficientemente, debes resolver otros 99 problemas. Tienes que llamarle a tu mamá, por ejemplo, para que no piense que te olvidaste de ella y sólo la necesitas para que te cuide a los niños. O llamarle al pediatra porque el bebé está muy molesto con ese diente que le está saliendo (y terminas cuestionándote si el pediatra es de verdad confiable o ya mejor intentas con la homeopatía). O pensar y repensar cómo lavar esa pila de ropa sucia pendiente, sobre todo el pantalón negro que el niño debe llevar al día siguiente. También piensas en formas de volver a reunirte con tus amigas, a las que tienes muy abandonadas desde hace meses. Y te inventas frases ingeniosas para responderle a tu suegra la próxima vez que se atreva a preguntarte cuánto tiempo piensas darle leche materna al bebé.

Labor emocional, le llaman

Una vez fuera de la oficina, debes correr y luchar contra cielo, mar y tierra para recoger a los niños a tiempo (15 minutos tarde y te cobran una multa, como si vivieras en una ciudad libre de tráfico y con un transporte público eficientísimo). Uno de tus hijos tiene los pants rotos en la rodilla (te lo imaginas cayendo de rodillas al suelo como estrella de rock, ¿De qué otra forma pueden romperse así?), otro te dice que perdió su chamarra, ésa que marcaste y remarcaste y mandaste a bordar con su nombre completo. Simplemente se desvaneció.

Tengo hambre, tengo sueño, quiero ir al baño, quiero ir a McDonald’s, gritan durante el trayecto de regreso. Una vez en casa (y no en McDonald’s), tus hijos se rehúsan a comer la pechuga de pollo y la crema de champiñones orgánicos que les preparaste y tienes que idear formas de negociar con ellos para que lo hagan.

A las 8 PM tienen que bañarse. Y oooobviamente no quieren porque, si por ellos fuera, se irían a dormir con el uniforme puesto. Los dejas meter juguetes a la regadera con tal de que se den un baño y, después de un rato, se niegan a salir. Cuando salen, el bebé se niega a ponerse el pañal y gatea por toda la cama, como si tuvieras la misma agilidad para atraparlo y vestirlo de una vez.

Para cenar, tus hijos se olvidan de que “esto no es restaurante” y te piden los alimentos más estrafalarios: sushi, lasaña, cereal de una marca que NO venden en México o hot cakes en forma de Pokémon. Y, como en la canción de Cri Cri, se quejan de que la leche está demasiado fría, demasiado caliente o demasiado normal.

Es hora de dormir niños. Se acuestan felizmente en su cama, te piden un cuento y se los lees orgullosa de tus voces histriónicas. El bebé es más difícil de complacer, sobre todo porque aún no duerme toda la noche, pero tienes la esperanza de que éste sea el día en el que por fin se sincroniza su ciclo circadiano y ambos vuelven a descansar. Cierras la puerta sigilosamente y haces un pequeño baile de celebración, ¡la noche es tuya!

Son las 10 PM, hora perfecta para acostarte a descansar. Pero, ¿quién quiere dormir cuando hay tanto por leer, tanto Netflix por ver, tanto cafecito caliente por beber? Ya volverás a hacerlo cuando tus hijos se vayan a vivir con roomies. O al menos eso te dices a ti misma.

Si quieres más información sobre crianza, visita el sitio Naran Xadul.

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