Pueblos indígenas de México: los olvidados en materia ambiental

Su conocimiento y riqueza ancestral nos pueden ayudar a encontrar el equilibrio ambiental. Ellos sólo han recibido la espalda.

Conocemos muy poco de nuestros pueblos indígenas. Una afirmación que envuelve vergüenza, tristeza y un poco de coraje; pero es cierto. En México, nosotros que vivimos en la gran ciudad no les damos la importancia o, tan siquiera, el reconocimiento. Nos acordamos de su existencia cuando llegan a ser noticia; y sólo les dedican un par de minutos. O cuando reconocen sus tradiciones y valor cultural en ceremonias que, más bien,exponen como espectáculo. Claro, atraen el turismo. Ellos ofrecen mucho más que eso.

Gracias a su cosmovisión, los pueblos indígenas tienen en sus manos la clave para el equilibrio ambiental. Sin importar su origen o su nombre, comparten un infinito respeto por el equilibrio, esa relación entre el hombre y la divinidad. Este equilibrio se mantiene con el cuidado de la Madre Tierra, del medio ambiente y sus elementos principales: aire, agua, tierra y fuego. La biodiversidad se considera sagrada y no la separan del crecimiento, de la sociedad y sus actividades.

Todo aquello que rompa ese equilibrio, como la explotación de recursos, causan conflictos entre el hombre y la divinidad. Su percepción de la vida en la Tierra, basada en conocimientos ancestrales y costumbres, les da la posibilidad de ver más allá de los bienes materiales; más allá de generar ganancias sin importar las consecuencias. Su preocupación por el equilibrio ambiental los llevó a redactar la Declaración de pueblos indígenas de México sobre Biodiversidad y cambio climático.

Firmado en septiembre de 2010, el documento expone una auténtica preocupación por el deterioro ambiental y llama a la protección planetaria, claro, con la colaboración de los pueblos indígenas; que sean reconocidos y tratados de manera equitativa. Se pide pagar la deuda ambiental, así como la implementación de un modelo de producción sustentable y sostenible — una idea desconocida para las grandes empresas que sólo dejan destrucción después de gozar de sus ganancias.

Los pueblos indígenas en México luchan por la protección de recursos naturales y biodiversidad, en una actitud armoniosa con la naturaleza. Se trata, si, de aprovechar la naturaleza y lo que nos ofrece sin hacerle daño, respetando sus ciclos, sin contaminantes, ni químicos dañinos. Con sus conocimientos podemos regresarle a la Tierra todo lo que nos da, nutriéndola con productos orgánicos, tener cultivos intercalados o mezclados, buscando las combinaciones adecuadas para la protección ante plagas de manera natural.

Han pasado casi 3 años de la firma y ¿qué ha ocurrido con los pueblos indígenas? Continúan luchando por sus tierras, por los recursos, por el derecho al agua, por la protección al maíz, de los manglares, de las especies endémicas, hasta por sus derechos humanos. Mientras tanto el mismo gobierno y distintas empresas trasnacionales continúan devastando el ambiente, tomando tierras sagradas. Ejemplos hay varios: el pueblo indígena huichol de Wirikuta ante las amenazas de Revolution Resources; los guarijíos que temen perder su cementerio y ante el proyecto Los Pilares; entre otros casos más no documentados.

Hoy, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, reconozco el trabajo, la cultura y los valores de los pueblos indígenas mexicanos, quienes quieren hacer realidad alianzas con la sociedad y los sistemas de producción, para llegar a un equilibrio. En este año en el que, de manera especial, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) les dedica el tema «Pueblos indígenas construyendo alianzas: En honor a los tratados, acuerdos, y otros arreglos constructivos». Unas palabras muy bonitas que, esperemos, pronto se hagan realidad.

FotoEneas De Troya (Flickr) / (cc) by