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Un año del feminicidio de Ingrid Escamilla y seguimos con miedo
Actualidad 10/02/2021

Un año del feminicidio de Ingrid Escamilla y seguimos con miedo

El caso de Ingrid Escamilla nos recuerda que la justicia es ciega ante los feminicidios en México

“El lobo se vestía con piel de cordero y el rebaño consentía el engaño”, Mary Shelley. 

Las mujeres estamos sometidas a vivir bajo un miedo constante y creciente. Estamos aterradas de salir de casa y no volver, de ser “una más” en la lista desaparecidas. La violencia de género está tan normalizada en México que ya no causa sorpresa leer sobre el cuerpo de una mujer que fue encontrado en un lote baldío o de una niña a la que no pudieron si quiera reconocer. Lo casos son “el pan de cada día” de los encabezados y sólo dejan ver una descomposición social  tremenda.

Hace un año (9/02/20) que Ingrid Escamilla fue asesinada a sangre fría por su propio esposo, en su propia casa y sigue sin haber justicia. 

Tenía 25 años, le gustaban los animales, tenía dos perros que los consideraba “su vida”. Viajaba cuanto podía y era fan de Luis Miguel.  También tenía una carrera prometedora y un “amor por la vida” según se lee en sus redes sociales. Pero el hombre que decía amarla y protegerla, la desolló, tiró sus órganos, algunos en bolsas de basura y otros a la alcantarilla; su piel apareció a unas cuadras de su casa.

El sujeto fue detenido y aún cubierto con sangre, dio sus declaraciones. Este no se inmutó al confesar con detalle su crimen, justificando que estaba alcoholizado, que tuvieron una discusión y que Ingrid lo había amenazado primero.

Aún teniendo todas las pruebas, Ingrid fue señalada y culpada por tomar “malas decisiones”, por estar con un hombre mayor y por no haber denunciado “a tiempo”.

Las “malas decisiones” no mataron a Ingrid, fue el machismo que vivimos todos los días

Desde pequeñas, nos han enseñado que los monstruos son malos y terroríficos, que atacan a los buenos y que destruyen todo a su paso. Pero hoy, sabemos que los monstruos no son precisamente esos seres “de otro mundo”, sino hombres comunes y corrientes que respiran junto a nosotras.

En aquel entonces circuló una publicación que decía que el asesino de Ingrid no era un monstruo sino un hombre promedio.

“No llamen monstruo al varón que desolló a Ingrid. No es un monstruo, es un hombre promedio. Llamarle monstruo es mitificar la violencia machista que padecemos las mujeres en México. La misoginia es nuestra realidad más palpable. “.

También se inició un movimiento en redes sociales en el que los usuarios compartieron fotos de paisajes para evitar que circularan imágenes del cuerpo de Ingrid.  Hoy,  la iniciativa continúa por ella y todas las mujeres cuyos cuerpos han sido ultrajados.

Durante la audiencia inicial, se calificó como legal la detención del sujeto de 46 años, a quien se le impuso prisión preventiva oficiosa como medida cautelar. Posteriormente fue enviado al Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (Cevareps) que forma parte del perímetro del Reclusorio Sur.

Mientras que a las mujeres nos enseñan a defendernos de los hombres; a vestirnos “lo menos provocativo posible”  o a no salir a ciertas horas del día, los hombres siguen cometiendo esos actos atroces.

Los feminicidios siguen a la alza.

Según el informe Violencia contra las Mujeres de la Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), hubo un alarmante aumento en los feminicidios al día, pasando de un promedio de 10 al día, a 18 en 2020. 

Se contabilizaron 942 feminicidios, 2,783 homicidios dolosos de mujeres y 3,136 homicidios culposos a mujeres, lo que da un total de 6,861 que fueron brutalmente asesinadas solamente durante 2020.

Ni Mara, ni Lesvy, ni Karen, ni Adriana, ni Fátima, ni Lupita “Calcetitas rojas”, ni Jessica, ni Ingrid, ni Samara, ni Alondra, ni Alexa han tenido justicia. Su familia y amigos siguen llorando su ausencia en un país ciego ante los feminicidios 

La ausencia de cada una duele y sin conocerlas, se siente cercana. Una vez más, “México es un país feminicida”. Así que ni perdón ni olvido.

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