En el mundo laboral digital, un simple emoji puede cambiar por completo la forma en que una persona es percibida. Aunque los emojis nacieron para hacer más cálidas y cercanas las conversaciones en línea, su uso en correos, chats de oficina y plataformas laborales sigue generando debate. ¿Ayudan a sonar más amable o hacen que una persona parezca menos profesional?
Esa fue precisamente la pregunta que investigó la Universidad de Ottawa en un estudio publicado en 2026 en la revista científica Collabra: Psychology, donde analizaron cómo influye el uso de emojis en la percepción de competencia y profesionalismo dentro del trabajo. Los resultados dejaron ver que, en muchos casos, menos emojis significa más seriedad.

El experimento que puso a prueba los mensajes laborales
La investigación, liderada por Erin L. Courtice junto a un equipo de psicólogos, trabajó con 243 participantes adultos. A cada uno se le mostraron mensajes simulados de mensajería laboral con diferentes tonos: positivos, neutrales y negativos.
Además, esos mensajes variaban al incluir emojis positivos, emojis negativos o no tener ningún emoji. También se evaluó si el supuesto remitente era hombre o mujer, para observar si existían diferencias en la percepción según el género.
Después de leer cada mensaje, los participantes calificaban qué tan competente, apropiada y profesional les parecía la persona que lo enviaba. El objetivo era descubrir si esos pequeños íconos realmente modificaban la imagen profesional de alguien.

Sin emojis, mayor profesionalismo
Uno de los hallazgos más llamativos fue que los mensajes sin emojis fueron percibidos como los más profesionales y competentes. Es decir, un texto simple y directo generó mejor impresión que uno acompañado de caritas o símbolos emocionales.
Los investigadores explican que, en entornos laborales, las personas suelen asociar la ausencia de emojis con mayor seriedad, claridad y credibilidad. Especialmente en conversaciones formales, solicitudes importantes o mensajes relacionados con liderazgo, la neutralidad parece ser la mejor estrategia.
Esto no significa que los emojis estén prohibidos, sino que su uso debe ser mucho más cuidadoso de lo que normalmente se piensa.
No todos los emojis ayudan
El estudio también reveló que los emojis positivos pueden funcionar bien, pero solo cuando acompañan mensajes positivos o neutrales. Por ejemplo, un saludo cordial o una buena noticia con una sonrisa puede hacer que la comunicación se perciba más amable sin afectar demasiado la profesionalidad.
Sin embargo, cuando se usan emojis positivos en mensajes negativos, como una crítica, una corrección o una mala noticia, el efecto puede ser el contrario. En lugar de suavizar el mensaje, puede parecer falso, incómodo o incluso poco sincero.

Peor aún ocurre con los emojis negativos. Caritas de enojo, frustración o desaprobación fueron vistas como poco apropiadas en casi todos los casos y redujeron notablemente la percepción de competencia del remitente.
Otro punto interesante fue que las mujeres tendieron a juzgar más severamente los mensajes negativos enviados por otras mujeres, especialmente cuando incluían emojis negativos.
El verdadero mensaje detrás del emoji
Lejos de ser un simple adorno, los emojis funcionan como señales no verbales que transmiten emociones, intención y personalidad. En el trabajo, eso puede ser una ventaja o un problema.
Los expertos recomiendan usarlos con moderación, especialmente en comunicaciones formales, con superiores o en conversaciones delicadas. Un emoji bien colocado puede humanizar una charla; uno mal elegido puede afectar la imagen profesional. La lección es que antes de enviar ese mensaje con una carita sonriente, quizá conviene preguntarse si realmente ayuda o si el silencio visual comunica mejor.
