En tiempos donde todo urge, responder, producir, avanzar, detenerse se ha vuelto casi un gesto contracultural. No es casualidad que cada vez más voces hablen de la necesidad de pausar, pero pocas lo hacen con la claridad y la sensibilidad con la que lo plantea Mar del Cerro.
En conversación con Nueva Mujer, lo resume con una frase que funciona como punto de partida y declaración de intención:
“El libro se llama ‘Menos PRISA, más PRESENCIA’. Aprende lo que estás enseñando”.
No es solo un título: es una forma de habitar la vida.
Porque el ritmo actual no solo acelera el día a día, también cambia la forma en la que pensamos y nos relacionamos con nosotras mismas.
Entre agendas saturadas, metas autoimpuestas y una exigencia silenciosa que nunca parece suficiente, se instala una sensación persistente: la de ir tarde.
“Sentir que vas tarde es algo aprendido, no con lo que naciste”, dice Mar del Cerro, desmontando de entrada una de las creencias más arraigadas de nuestra época.
Y es que esa urgencia no aparece sola. Se alimenta de ideas heredadas, de expectativas externas, de estándares imposibles.
“Vivimos corriendo por ideas que alguien más definió”, reconoce. “Nos llenamos de ‘deberías’ sin cuestionarlos”.

En ese automatismo, la vida se convierte en una carrera constante, donde el descanso se percibe como una pausa incómoda y no como una necesidad vital.
Frente a ese escenario, su propuesta no es radical en apariencia, pero sí profundamente transformadora: hacer espacio. Cuestionar. Volver al cuerpo.
“Respira, evalúa y regresa a un proceso más amable, armonioso y compasivo contigo”.
No como una fórmula perfecta, sino como un ejercicio cotidiano que permite desactivar la prisa desde adentro.
Su libro, que es resultado de más de una década de trabajo explorando la meditación, el mindfulness y el desarrollo personal, plantea una estructura clara para entender este fenómeno.
Por un lado, identifica ese estado de urgencia constante que combina autoexigencia, resistencia interna, expectativas idealizadas, sensación de carencia y ansiedad.
Por otro, propone una ruta práctica para contrarrestarlo: detenerse, respirar, observar, sentir, confiar y sostenerse con intención en el presente. No como teoría, sino como práctica diaria. Desde ahí nace una idea poderosa: la calma también se entrena.
Lejos de un discurso aspiracional, Mar del Cerro habla desde la experiencia.
“Yo no lo escribo desde ‘soy experta y tengo todas las respuestas’; estoy viviendo lo mismo”.
Y esa honestidad se traduce en herramientas accesibles: ejercicios breves, pausas conscientes, pequeños recordatorios que se integran en la rutina. Un “botiquín de calma” que no exige aislarse del mundo, sino aprender a habitarlo de otra forma.

Porque uno de los grandes mitos contemporáneos es creer que necesitamos tener todo claro para avanzar.
“Creemos que tenemos que tener todo claro cuando ni siquiera es realista”.
En cambio, propone lo contrario: confiar en el proceso.
“Empezar a vivir lo que enseñas cambia completamente el proceso”, y en ese camino, inevitablemente, “hay cosas que necesitan ajustarse cuando realmente las vives”.
La presencia, entonces, deja de ser un ideal lejano para convertirse en una práctica tangible.
“Estar presente no es perfecto, es regresar una y otra vez a ti”.
Puede suceder en lo simple: “respirar, observar, sentir”, pero también en lo complejo. Porque “la presencia también incluye vivir lo incómodo”, en lugar de evitarlo. En paralelo, el descanso adquiere un nuevo significado.

“El descanso abre la puerta a lo que estás buscando”, afirma.
No como recompensa, sino como condición necesaria para la claridad.
“Cuando te das espacio, tu cuerpo responde con claridad”.
En un entorno que glorifica la productividad constante, esta mirada redefine el valor de la pausa. Y, con ello, también redefine el éxito.
Ya no como acumulación de logros, sino como una experiencia más consciente del presente. “No se trata de correr a vivir”. Porque “disfrutar también es parte del camino, no una pausa”. Incluso en lo cotidiano:
“Sentarte y compartir un momento también es vivir plenamente”.

El cambio insiste, no tiene que ser drástico. “Pequeños momentos pueden cambiar tu día”. No se trata de transformar la rutina por completo, sino de intervenirla con intención. “No necesitas una hora, necesitas intención”. Y en esa repetición de instantes aparece algo más profundo: una forma distinta de relacionarte contigo misma.
A lo largo de su trayectoria como guía de meditación, creadora de contenido y formadora en bienestar, Mar del Cerro ha acompañado a miles de personas a integrar la atención plena en su vida diaria.
Su enfoque combina conocimiento técnico, práctica consciente y una sensibilidad particular para traducir conceptos complejos en experiencias accesibles. El resultado es una propuesta que no solo invita a reflexionar, sino a practicar.
Porque, al final, el mensaje no gira en torno a hacer más, sino a hacer espacio. A reconocer que muchas de las cargas que sostenemos pueden soltarse.
“Puedes empezar a liberar lo que te genera ansiedad. Puedes desaprender lo que no quieres cargar”.
Incluso entender que “no todo lo que piensas es tuyo”. Y quizás ahí reside el verdadero cambio: en volver a elegir.
Elegir pausar. Elegir sentir. Elegir habitar el presente sin la presión constante de lo que sigue. “Pintar tu día de pequeños momentos de presencia cambia tu vida”. Porque, como bien señala:
“La plenitud se construye en lo cotidiano, no en lo extraordinario”.
En una época que empuja hacia adelante sin descanso, su propuesta se siente como un contrapeso necesario. Una forma de reconciliarse con el tiempo, con el cuerpo, con una misma.
Porque no, no tienes que correr para llegar. Y tal vez eso sea lo más urgente de recordar:
“Ir más leve también es avanzar”.
