Durante años, el matrimonio fue presentado como una promesa de eternidad. Sin embargo, las cifras actuales muestran que esa idea ha cambiado, no solo en Ecuador, sino en buena parte del mundo. Hoy, más que hablar de un “para siempre”, las estadísticas permiten entender el matrimonio como una etapa significativa de la vida, larga, intensa y, en muchos casos, finita. En Ecuador, esa etapa dura, en promedio, 16,6 años antes de llegar a un divorcio.
Este dato, proporcionado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) a partir del Registro Estadístico de Matrimonios, desmonta varios prejuicios. El divorcio no suele ser una decisión apresurada ni producto de relaciones efímeras. Por el contrario, ocurre luego de casi dos décadas de convivencia, cuando las parejas ya han compartido proyectos, hijos, bienes y una vida adulta en común.
Un matrimonio que no es breve
La duración promedio de 16,6 años de matrimonio antes del divorcio coloca a Ecuador en una posición similar a la de varios países de América Latina, Europa y Norteamérica. Estudios del National Center for Family & Marriage Research de Estados Unidos muestran que, en matrimonios celebrados a partir de los años 2000, la duración promedio antes del divorcio supera los 15 años. En Europa occidental, investigaciones demográficas ubican este promedio entre los 14 y 18 años.

Es decir, el matrimonio no se rompe rápido. Se sostiene durante años y, cuando termina, suele hacerlo tras un proceso largo de desgaste y reflexión.
Casarse más tarde: una tendencia clara
Los datos del INEC revelan otro elemento clave: las personas se casan cada vez más tarde. En el país, la edad promedio al matrimonio fue de 36 años en los hombres y 33 años en las mujeres. Estas cifras se alejan notablemente de los patrones tradicionales, cuando el matrimonio ocurría en la juventud temprana.
Casarse más tarde suele implicar mayor estabilidad laboral, experiencias previas de pareja y expectativas más claras sobre la vida en común. También explica, en parte, por qué los matrimonios duran más: no se entra a ellos de forma impulsiva.

Esta tendencia no es exclusiva del país. En América Latina y el mundo, diversos estudios coinciden en que el retraso del matrimonio está vinculado al acceso a la educación, la autonomía económica y los cambios culturales sobre el amor y la familia.
Matrimonios al alza
El comportamiento reciente de las cifras confirma que el matrimonio atraviesa una transformación. Según el Registro Civil, en 2024 se registraron 48.907 matrimonios, mientras que en 2025 la cifra subió a 50.556. Es decir, en un solo año la tendencia fue al alza.
En contraste, los divorcios casi se mantuvieron iguales. Pasaron de 23.591 en 2024 a 23.440 en 2020, lo que representa solo 151 divorcios menos. En términos simples, parecería que el matrimonio fue más aceptado en las parejas en 2025, mientras que la idea del divorcio se mantuvo casi igual.
Casi un divorcio por cada dos matrimonios
Uno de los datos más impactantes surge al comparar ambas cifras. En 2025, Ecuador registró más de 50 mil matrimonios y más de 23 mil divorcios. Esto significa que, en términos anuales, uno de cada dos matrimonios equivale a un divorcio.

No se trata de una relación directa ni causal, pero sí de un indicador social contundente. El divorcio dejó de ser un hecho excepcional y se convirtió en una experiencia común, aceptada y regulada institucionalmente.
El divorcio como decisión consensuada
Lejos de los relatos de conflicto permanente, las cifras muestran que la mayoría de divorcios en Ecuador se producen por mutuo consentimiento. En 2024:
- 11.742 divorcios se realizaron por mutuo acuerdo vía notarial.
- 8.586 por mutuo acuerdo vía judicial.
En total, más de 20.000 divorcios ocurrieron de forma consensuada. Las causales tradicionalmente asociadas al conflicto —como el abandono injustificado o la falta de armonía— representan una proporción mucho menor.
¿Cuándo se rompe el matrimonio?
La edad promedio al divorcio en Ecuador también resulta reveladora: los hombres se divorciaron a los 45 años y las mujeres a los 42 años, según el INEC. Esto confirma que la ruptura ocurre en plena edad productiva, no al final de la vida.
En sociología, este fenómeno es conocido como divorcio tardío o gray divorce, ampliamente documentado en Estados Unidos y Europa. Se trata de separaciones que ocurren luego de años de convivencia, cuando los hijos han crecido y las prioridades personales cambian.
El calendario emocional del país
Los datos también permiten observar patrones temporales. Diciembre fue el mes con más matrimonios, según el INEC. Las fiestas, el cierre de año y el simbolismo del nuevo comienzo parecen influir en la decisión de casarse.
En cambio, los divorcios se concentran a mitad de año: junio en 2023 y julio en 2024. Son meses asociados a balances personales, presiones económicas y decisiones postergadas.
Volver a creer en el matrimonio
Lejos de la idea del “fracaso definitivo”, el divorcio no implica un rechazo al matrimonio. En 2024, 7.843 personas divorciadas volvieron a casarse, según el Registro Estadístico de Matrimonios.
Este dato sugiere que el vínculo de pareja sigue siendo valorado. Lo que cambia no es el deseo de compartir la vida, sino la forma de entender cuándo continuar y cuándo cerrar un ciclo.
Ecuador en el mapa global
En conjunto, las cifras muestran que Ecuador no es una excepción. El país forma parte de una transformación global: matrimonios más tardíos, más duraderos, divorcios consensuados y rupturas que llegan después de años de convivencia.
Como señalan estudios demográficos internacionales, el matrimonio ya no promete eternidad, pero sí una etapa larga y significativa. En Ecuador, esa etapa dura, en promedio, 16,6 años.
