Pareja

Ser la que resuelve todo en el hogar es agotador y debes dejar atrás este síndrome del salvador

Está bien hacer cosas por los demás y ayudar, pero todo tiene un límite

Mujeres con síndrome del salvador

Muchas mujeres se enfrentan con una dura realidad en sus hogares y es que todo lo tienen que solucionar: desde los quehaceres del día a día o hasta llevar el ingreso económico. Esto, en realidad, es el síndrome del salvador.

También llamado como síndrome de la mujer salvadora, se trata de una tendencia exagerada al sacrificio y la ayuda a los demás a costa incluso de nuestro propio bienestar.

En las dinámicas familiares se ve mucho, sobre todo en mujeres que son independientes y autosuficientes. Como no les gusta molestar a los demás y se sienten capaces de hacerlo todo, terminan cargando mucho peso sobre sus hombros.

Otro aspecto que contribuye a esto son los roles de género y la cultura machista, que hace que muchos hombres evadan ciertas responsabilidades dentro del hogar y la crianza, desbalanceando aún más la distribución de cargas.

Pero algo que tenemos que tener en cuenta es que nosotras somos quienes debemos establecer los límites y aprender a decir no. Con el tiempo, la pareja se va a acostumbrar a no poner de su parte y le restaremos poder de resolución de problemas, cayendo todo sobre nosotras.

Además, sufrir del síndrome del salvador es muy desgastante, ya que vives para complacer a terceros y muchas veces ni siquiera recibes esa reciprocidad necesaria, copando tu agenda y drenando tus energías en otras actividades sin escuchar la voz de tu bienestar.

También es muy común que suceda con los hijos. Cuando no damos margen para que él o ella pueda afrontar el problema o solucionarlo por sí mismo, en realidad le hacemos más un mal que un bien, pues no le permitimos generar un correcto concepto de su valía personal.

Este síndrome del salvador está relacionado con esa necesidad de aprobación que a menudo exige la propia sociedad y que a menudo nos inculcan desde pequeños, por lo que dejar atrás estos comportamientos requiere que le pongamos atención a nuestro amor propio.

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