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Ni “luchonas” ni “héroes”, la crianza de los hijos es una responsabilidad compartida

La sociedad se ha encargado de etiquetarnos, romantizando la labor que implica la crianza

La crianza de los hijos es una experiencia desafiante, especialmente cuando estamos rodeadas de presiones y expectativas sobre ser perfectas. Encima de todo, la diferencia que existe entre hombres y mujeres cuando se trata de cuidar a los hijos es abismal.

Mientras que a ellos se les cataloga como “héroes” por hacerse cargo de los cuidados básicos, con las mujeres se asume que “es lo que debe ser” porque es su obligación.

Eso sí, existe un término que se ha encargado de romantizar la labora de aquellas mujeres que deben enfrentar la maternidad solas. La idea de “mamá luchona” parece perfecta para poner a las mujeres en un merecido pedestal por ser capaces de cuidar a los hijos, trabajar y mantener el orden en el hogar sin embargo, también es algo peligroso.

Sí, las mujeres que sacan a sus hijos adelante son dignas de toda nuestra admiración y respeto pero decirles “mamás luchonas” puede verse como una forma de sentir “lástima” o de romantizar el hecho de que el padre no se haga cargo por igual.

La maternidad no es como en las películas o en las publicaciones de las famosas en las que siempre salen impecables y todo es glamoroso y perfecto. Es sucia y apestosa por la cantidad de fluidos involucrados, cansa y por momentos te hace sentir que no lo estás haciendo bien.

Decir que una mamá es “luchona” hace parecer que todo ese sufrimiento tiene una recompensa y normaliza la idea de que ella sola debe cargar con todo ese peso cuando debería ser trabajo de dos.

Por otro lado, están aquellos que ponen a los hombre bajo la lupa de la grandeza, llamándolos “héroes” si se hacen cargo de los hijos. Aún cuando sea lo mismo que hacen las madres, ellos reciben los elogios.

A menudo, la labor de las mujeres pasa desapercibida pues mientras que ellas están obligadas a ver por los hijos, los padres son privilegiados y aplaudidos por ejercer su responsabilidad.

No es que esté mal recibir elogios pero no hay que enaltecer el sufrimiento de la madre ni celebrar que el padre se haga cargo porque al final, es una obligación y una responsabilidad que deben cumplir.

Debe haber un involucramiento activo por parte de ambos. No sólo se trata de quién provee lo recursos económicos sino también de que la balanza esté pareja en la crianza y la vida cotidiana de los hijos.

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