Disfruto estar con mi familia pero también necesito mi espacio

Si has pasado este tiempo de pandemia encerrada con tu familia y te sientes agobiada, esto es para ti

Estamos atravesando momentos difíciles en todos los sentidos. La pandemia de coronavirus nos ha obligado a mantenernos encerrados, lejos de nuestros amigos y familiares. Sin embargo, todo este tiempo has estado con tus seres queridos en casa, tienes dos caras de la moneda.

Por un lado, eres muy afortunada por tener un techo y una espacio agradable donde pasar los días de encierro. Por otro, puedes sentirte demasiado abrumada por tener a todos "encima" y sin privacidad total.

Has tenido suerte. Quizá, puedes trabajar desde casa y tienes una madre que te hace el desayuno todos los días. Quizá tiene una hermana con quien sentarte a conversar después de un día estresante o un padre o abuelo con el cual jugar juegos de mesa los fines de semana. Y si tienes hijos, la historia es otra porque aunque los amas incondicionalmente, tienes responsabilidade sy obligaciones con ellos que pueden hacer todo más tensionante

La vida en familia puede ser muy divertida pero llega un momento en el que si no hay otra opción de convivencia, se vuelve sofocante. ¿Cómo lidiar con ello? 

Todos necesitamos un espacio donde desenvolvernos con libertad. Tener un tiempo para hacer tus cosas es importante, aún cuando tienes que compartir techo. Y aunque parezca imposible sí puedes tenerlo.

El poder de la gratitud en tiempos de crisis

Aunque no lo creas, la gratitud te da un respiro cuando todo parece derrumbarse

Para delimitar tu espacio, primero debes identificar tus límites físicos, emocionales, mentales y espirituales y sé directa. 

Establecer límites no significa necesariamente que tengas que ser insensible. De hecho, cuando construyes tus límites con esos familiares difíciles, en realidad puede ser más efectivo hacerlo con amabilidad. La ira o la actitud defensiva solo los enfurecerá y hará que te ataquen. La amabilidad, sin embargo, conduce a una mayor probabilidad de un intercambio tranquilo.

Ve de poco en poco . Comienza la conversación de una manera clara y simple. No hay juegos mentales aquí. Si algo te molesta, habla de alguna manera. Escribe una nota o pide algo de tiempo para hablar pero abre la puerta a la comunicación. Una vez que estés hablando frente a frente, es mucho más fácil establecer límites claros y consensuales.¡Evita las confrontaciones agresivas! 

Los nuevos hábitos de límites llevan tiempo, debes ser paciente. Estos son momentos difíciles para todos y las emociones pueden estar a flor de piel.

Una vez que ha comenzado la conversación, expresa tus necesidades, encuentren puntos en común y establezcan un límite que ambas partes pueden cumplir. Especialmente en las familias, que generalmente pasan mucho tiempo juntas, es difícil romper los hábitos aprendidos pero no es imposible. Se necesita práctica.

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