Mi hermana me ha enseñado que está bien ser vulnerable y eso no me hace menos fuerte

Gracias a mi hermana, aprendí que llorar no es ninguna debilidad

Mi hermana siempre ha estado ahí para mí, no importa qué pase. De una u otra forma, ella se ha convertido en una guía, un ejemplo de fortaleza que me enseñó a ser siempre mi mejor versión. Ella fue mi primer amiga y hoy puedo decir que mi vida no sería la misma sin ella.

Mi hermana ha sido mi compañera de travesuras, pero también mi confidente. Compartimos risas, lágrimas y angustias; su sufrimiento es mi sufrimiento y viceversa. Y es que si algo me ha enseñado con eso es que está bien ser vulnerable.

La vida nos pone un sin fin de obstáculos que nos ponen a prueba constantemente. Algunos son más difíciles de superar que otros pero mi hermana me ha enseñado que no pasa nada si fallas.

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Los seres humanos somos capaces de soportar la tempestad más dura pero a veces, aunque nuestro cuerpo parezca fuerte, nuestro espíritu termina por romperse en pedazos. Físicamente podemos resistir pero al interior, nos tambaleamos.

Es entonces cuando lo único que esperamos es que alguien llegue para abrazarnos y nunca soltarnos.

La mayoría ve las lágrimas como una debilidad pero están lejos de serlo. Si algo he aprendido de ver a mi hermana pelear sus batallas es que las lágrimas son más bien un reflejo de agotamiento pero también de fortaleza.

La vulnerabilidad no es debilidad y tambalearse no es fracasar. 

Y es que todas las veces que he sentido que no puedo más, mi hermana es la primera en tender su mano para levantarme e impulsarme.

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Incontables veces he visto a mi hermana sufrir por amor; he visto sus dudas y temores más profundos pero aún entre lágrimas, ha salido adelante. Es así como he aprendido que ser vulnerable te ayuda a entender mejor tus emociones y a entender que no eres perfecta. Tus debilidades son tan válidas como tus fortalezas y es lo que te hace tan única.

No hay nada más valioso que contar con una hermana que está ahí para cuando nos rompen el corazón o cuando sientes que tienes el peso del mundo encima. Esa hermana que se convierte en una luz cuando estamos perdidas en la oscuridad o cuando estamos a punto de sucumbir ante un laberinto sin respuestas.

Piensa en todas esas veces que has acudido a ella para hablar sobre tus desamores y tus temores. Cuando te sentiste tonta por llorar o por equivocarte pero ella, lejos de frenarte, acercó su hombro para que secaras tus lágrimas.

Vivimos en una época de soledad, de depresión, de relaciones rotas, de desconexión y la razón es que cada vez nos mostramos menos vulnerables. Nos da miedo abrirnos y dejar ver nuestros verdaderos sentimientos.

Mostrar tu vulnerabilidad puede ser aterrador pero al mismo tiempo es algo reconfortante. Libera toda esa tristeza o estrés. Cuando sientas ganas de llorar, no te detengas. Déjalo todo y no lo escondas En lugar de sentirte avergonzada, puedes reconocer tus sentimientos y tu capacidad para expresarte abiertamente.  Porque una mujer que se muestra vulnerable posee un alma inquebrantable.

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