Lee esto cuando sientas que tus ataques de pánico te están agotando demasiado

Los ataques de pánico son parte de un trastorno de ansiedad

Las personas suelen malinterpretar a quienes sufren ataques de pánico. Para muchos, es sólo miedo, para otros, es una exageración. Pero no, quienes padecen de esto, la incomodidad, el miedo y la ansiedad ante ciertas situaciones como hablar en público, sostener una conversación con una persona, estar en una fiesta, viajar en un avión o hacer nuevos amigos, no es cosa de exageración ni algo que puedan controlar tan fácilmente.

Explicar cómo se siente un ataque de pánico es complicado puesto que cada quien lo vive de forma diferente. Básicamente, en cuanto te encuentras en una situación que te incomoda, tu corazón y tu cerebro comienzan a prepararse para una maratón. La temperatura en la habitación comienza a subir y se forman gotas de sudor en la frente.

En este punto, no importa cuántas respiraciones hagas, sientes que tus pulmones no se llenan de aire, te aprieta el pecho y por un momento pareciera que tu corazón estallará.  Un buen día se convierte en una pesadilla en cuestión de segundos, te paralizas e incluso te desmoronas.

Sí, es algo agotador, especialmente cuando nadie parece entenderte a tu alrededor. Pero tener un ataque de pánico no es el fin del mundo; no estás loca y siempre puedes mejorar.

Esto es lo que pasa, científicamente hablando: Durante el inicio de un ataque de pánico, la respuesta de lucha o huida de tu cuerpo se hace cargo y tu sistema nervioso se pone en marcha. La hormona adrenalina inunda el torrente sanguíneo y pone a su cuerpo en alerta máxima. Tu ritmo cardíaco aumenta, enviando más sangre a los músculos. Tu respiración se vuelve más rápida y menos profunda para que pueda tomar más oxígeno. Tus sentidos se vuelven más agudos. Todos estos cambios tienen lugar para preparar su cuerpo para una escapada rápida o una confrontación peligrosa.

¿Qué es lo mejor que puedes hacer? Durante los próximos minutos, concéntrate en tomar respiraciones más profundas y lentas para recuperar el control. Si esta técnica de relajación común falla, intenta encontrar un objeto de enfoque para centrar tu mente. Observa todos los pequeños detalles sobre el objeto elegido: el color, la forma, el tamaño o cuál es su propósito.  Imagina una historia y concéntrate en ella. Esto ayudará a bloquear cualquier estímulo adicional de tu entorno actual y facilitará que te concentres en la respiración. Cuando menos lo pienses, el pánico y la ansiedad que sientes, desaparecerán.

Tómate tu tiempo. No tienes que ir al ritmo de nadie más que al tuyo. Pocas personas saben lo que implica pasar por algo así, así que no te dejes presionar. Acepta que puedes tardar un poco en ajustarte. Debes saber que la forma en que te sientes durante un ataque no durará para siempre y que una vez que estés lista para enfrentar tus miedos, seguirás adelante con la vida. Y nunca, nunca dudes en pedir ayuda y mucho menos te avergüences por lo que pasa. No estás sola.

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