Así es como puedes aprender a dejar de darle importancia a lo que otros piensen

Darle demasiada importancia a otros puede provocarte ansiedad

Una excelente manera de comenzar a dejar de preocuparse tanto por lo que piensan los demás (y dejar de complacer a las personas) es recordar estas 4 verdades.

No puedes controlar las opiniones de otras personas sobre ti.

En serio, detente y piénsalo por un segundo: en realidad no podemos controlar lo que otros piensan de nosotros. Los seres humanos no tienen la capacidad de manipular el cerebro de los demás.

Las opiniones de otras personas no son más importantes que las tuyas.

No es tu trabajo asegurarte de que se cumplan las necesidades y deseos de otras personas. Cuando pensamos que los pensamientos y creencias de otra persona son más importantes que los nuestros, ponemos nuestros pensamientos y creencias hasta el final. Solemos decir que es nuestro trabajo asegurarnos de que se cumplan las necesidades y los deseos de otras personas pero no es así. Depende de nosotros cuidar de nosotros y de ellos cuidarse.

Está bien que alguien piense negativamente en nosotros.

Esta es una verdad dura pero importante. No a todos les vas a gustar, no importa lo maravillosa que seas. Todos somos tan diferentes que es imposible agradarle a todos por igual. Eso no significa que haya algo mal con ellos o que nosotros seamos el problema: simplemente significa que no son para ti ni ellos para ti. Igual aplica para ti. No todos te van a gustar y eso está bien. No todos van a estar de acuerdo con las decisiones que tomes. No todos van a estar de acuerdo con tu punto de vista.

 Otras personas no están pensando en ti.

Lamento decírtelo, pero otras personas no pasan el tiempo pensando en ti como crees que lo hacen. Eso hace que esta sea probablemente la mejor verdad de todas. El hecho de que la gente no piense en nosotros tan a menudo como creemos, es liberador. Existe una regla llamada "la regla 20-40-60". A los 20 años, creemos que todos nos están mirando, pensando en nosotros y preocupándonos por lo que hacemos. A los 40 años, empezamos a preguntarnos si alguien nos está mirando, pensando en nosotros o si a alguien le importa lo que hacemos. A los 60 años, ¡no nos importa si alguien nos está mirando o pensando en nosotros! ¡Vivamos como si tuviéramos 60 años! La próxima vez que se pregunte qué piensa alguien sobre algo que dijo o hizo, recuerda esta regla.

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