Fin al mito: Signos del Trastorno Bipolar

El pasado 30 de marzo se conmemoró el Día Mundial del Trastorno Bipolar, una enfermedad que afecta a cerca del 1% de la población global. En el caso de las mujeres, los cambios hormonales durante el ciclo menstrual, el embarazo y la menopausia, pueden afectar la gravedad del cuadro.

Nuestro país tiene una alta tasa de suicidios y, de acuerdo con cifras entregadas por la Sociedad Chilena de Salud Mental en 2018, un 23% de la población tiene un trastorno evidenciable y un 80% muestra síntomas que no han sido diagnosticados. Estos números son preocupantes, pero la detección a tiempo y un tratamiento adecuado pueden ayudar considerablemente a mejorar la calidad de vida de las personas que padecen alguno.

Entre las enfermedades de tipo afectivo se encuentra el trastorno bipolar, un cuadro que pocos conocen en profundidad. Esta falta de información puede conllevar a prejuicios sobre las personas diagnosticadas. A veces, el término es usado coloquialmente para definir a alguien que consideramos cambiante o inestable, pero lo cierto es que este cuadro va mucho más allá de una simple calificación peyorativa.

Según la Organización Mundial de Salud, este trastorno es la sexta causa de discapacidad a nivel global, ya que afecta las relaciones familiares, sociales y laborales, cuando no se trata adecuadamente. Además, las personas que lo padecen tienen un riesgo particular de desarrollar otras enfermedades o adicciones.

Se caracteriza por una alternancia entre episodios de aumento excesivo de ánimo y períodos depresivos, en los que existe una baja considerable del ánimo. “En cada fase se presentan varios síntomas anexos que son muy relevantes para el diagnóstico también. Por ejemplo, se altera el sueño, el apetito, la actividad psicomotora, el deseo sexual y las capacidades de concentración y memoria. En casos extremos, la persona puede incluso presentar síntomas como ideas extrañas y alucinaciones”, explica Claudio Fullerton, siquiatra de Clínica Universidad de los Andes.

Aunque a veces puede ser confundido con otras afecciones de salud mental, su principal síntoma es la alteración anímica, por lo que también es llamado trastorno del ánimo. En los episodios de manía, hay más energía y euforia, mientras que, en la depresión, a veces las personas no son capaces ni de moverse. “En la manía el pensamiento puede afectarse, siendo rápido y claro, con muchas ideas y planes, con optimismo desmesurado. En la depresión, se vuelve lento, monoideista, rumiativo y pesimista”, asegura el experto. Junto con esto, agrega que en la fase maníaca puede haber un interés sexual aumentado que lleve a las personas a conductas promiscuas; en cambio, cuando están depresivas desaparece el deseo sexual, pudiendo interferir en la relación de pareja.

Algunas de las preguntas que suelen surgir cuando hablamos de bipolaridad es sobre sus causas y a quiénes les podría afectar. Al respecto, el especialista explica que el conjunto de los trastornos bipolares incluye distintas formas de presentación. “La más clásica, el Tipo I, tiene un componente hereditario importante, que se ha considerado de hasta el 90 por ciento”. Sin embargo, el médico explica que también tiene elementos externos o ambientales en su origen. “Muchas veces los primeros episodios se desencadenan en torno a un estrés. Por otra parte, se ha considerado cada vez más que el antecedente de haber sufrido traumas en la infancia, también predispone al desarrollo de esta enfermedad”, afirma.

¿CÓMO SE DEBE TRATAR?

El siquiatra Claudio Fullerton explica que cuando una persona es diagnosticada con trastorno bipolar, se utilizan medicamentos, como estabilizadores del ánimo, tranquilizantes y antisicóticos, en la fase aguda. Cuando el cuadro está controlado, se pasa a una fase de mantención, en que el uso de estabilizadores del ánimo tiene acción profiláctica de la aparición de nuevas etapas. Los más utilizados son el litio y varios anticonvulsivos.

El especialista agrega que el paciente debe permanecer en control permanente y el tratamiento, bien llevado, puede resultar muy efectivo y permitir el desarrollo de una vida normal. Junto con esto, destaca que, la psicoeducación que realiza el equipo tratante es un aporte importante para dar continuidad al tratamiento, además de la sicoterapia, que en muchos casos está indicada para ayudar a los pacientes a resolver conflictos y tener mejores herramientas para enfrentar los desafíos.

Es innegable que aún existe una estigmatización con respecto a las enfermedades mentales, por lo que muchas veces quienes las padecen tienden a sentirse incomprendidos y se aislan de la sociedad. Además, Chile está al debe en esta materia, ya que los recursos destinados para los tratamientos son insuficientes, si se consideran las altas tasas de algunas de estas patologías. “En general, la población desconoce en qué consisten los trastornos mentales. Los trastornos bipolares no son la excepción. Este desconocimiento alienta actitudes de rechazo y desconfianza. Lograr un cambio es una tarea pendiente”, finaliza el experto.