Ignacia Allamand en crónicas de una "Güera": Tu compromiso más importante

Desde niña me enseñaron que hay pocas cosas más importantes, a la hora de construir buenas relaciones humanas, que honrar los compromisos y cumplir las promesas. Y aunque hay algunas cosas de mi formación que elegí olvidar selectivamente, ésta en particular me quedó grabada.

Reconozco que soy pésima para prometer y, por lo mismo, huyo de los compromisos. Intento asumir la menor cantidad posible, porque, aunque me gusta tener un plan, prefiero improvisar y fluir con el presente. A veces, para poder sumarte a la corriente hay que contar con una agenda “despejada”. Además, me carga mentir. Pese a que sea inofensivo y la profesora jamás descubra que no fue el perro el que se comió la tarea, siempre he creído que esconderse detrás de una mentira, por “blanca” que sea, es peor que aceptar las consecuencias. Mentir para zafar de un cacho podrá eximirme de responsabilidad inmediata con la otra persona, pero implica lidiar con una cuota de culpa (gracias colegio católico) que ya conozco y no me hace bien.

Por mucho que trate de evitarlo, es imposible no comprometerse de vez en cuando. Y no me refiero al trabajo, donde los acuerdos que asumimos son una obligación, sino a esas veces en que quedamos con alguien para hacer algo, o accedemos a realizar un favor. O cuando confirmamos nuestra asistencia a un cumpleaños o nos ofrecemos como acompañantes para ir a hacer un trámite latero. Son estos pequeños acuerdos los que aportan lealtad a la hora de construir relaciones y honrarlos es una manera de demostrar que la otra persona nos importa.

Pero últimamente he estado pensando (rubia y todo) que es extraño cómo nos esforzamos por cumplir las promesas hechas a otros y, sin embargo, los compromisos que asumimos con nosotros mismos son los primeros en volar del calendario si surge algún imprevisto. Esa clase que tomamos, esa película que queríamos ir a ver solos, e incluso esa visita al dentista que estábamos postergando, pero que sabemos no resiste una semana más, son velozmente reemplazados a la hora de encontrar tiempo para cumplir con alguien más. Hay algo en esta manera de ordenar nuestras prioridades que afecta directamente, aunque de forma inconsciente, a nuestra autoestima. Y siempre estoy buscando cómo trabajar eso.

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Todos tenemos prioridades y éstas son, obviamente, distintas para cada uno. También me atrevo a especular con que todos organizamos nuestro tiempo y buscamos espacios “libres” para realizar actividades que son para nuestro propio beneficio, como algún hobby o deporte, o ver la serie que nos gusta. Estos momentos que nos regalamos son fundamentales para equilibrar nuestra energía con el resto del tiempo en que estamos produciendo o haciéndonos cargo de la casa, o el trabajo, o la abuelita.

Entonces, ¿por qué será que estamos programadas para ponernos siempre al final, y sentir que lo que hacemos por y para nosotras es menos importante que lo que sea que necesite alguien más? Incluso, a veces hasta me siento mal cuando me doy tiempo para mí. Como si dedicarme ese momento le quitara atención a cosas más importantes. Es absurdo. Nada puede ser más importante que estar bien. Cumplir los compromisos que adquiero conmigo misma debiera ser siempre la primera prioridad y no al revés. No hay que confundir elegir nuestro bienestar con egoísmo.

Respetar nuestro tiempo personal, tanto o más que el que dedicamos a otros, es la única manera de entender la importancia real de un acuerdo. Si aprendemos a valorar los nuestros, aprendemos a respetar también los que asumimos con otros. Y desde ahí podemos ser realmente útiles y estar presentes.

La próxima vez que te descubras llamando para avisar que no vas a llegar a tu amada clase de reggaetón, porque tienes que correr a rescatar a tu amiga que terminó con él/la pololo/la por enésima vez, respira profundo y piensa de nuevo. Siempre hay casos en que hay que dejarlo todo, momentos en los que hay que correr. Pero si este no es uno de ellos, practica ponerte a ti primero, y después anda a salvar a quien sea. Cumple contigo y verás como todo lo demás encuentra su lugar.

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