Por qué preferir una relación abierta

Si has pensado que las relaciones convencionales no son para ti, aquí algunas razones para decidirse por una pareja abierta.

El asunto de las relaciones abiertas es bastante amplio y el concepto va, viene y se mimetiza con otros como poligamia, poliamor o ser swinger. Lo que sí, es que está situado en el espectro del amor libre, el que fomenta relaciones que tienen por base la confianza y consolidadas en la seguridad de que si alguien está a tu lado, teniendo las libertades que en sí implican, es por verdadera convicción; y por supuesto, caracterizadas también por no dar cabida al sexo rutinario que amenaza a las relaciones cerradas.

Sin ahondar en los principios y reglas por los que se rigen estas parejas, ya que todas son distintas y sus acuerdos varían, expongo aquí algunas razones para preferir una relación abierta:

No todas las personas son monógamas

Regularmente al iniciar una relación se da por hecho la exclusividad sexual, sin cuestionar qué tan favorable sea y sin hacer un planteamiento sobre los términos en que se conducirá la pareja. Al omitir este primer diálogo, implícitamente se da forma al concepto primario de fidelidad, al sacrificio y a la prohibición de vincularse con otras personas; y algo de eso tiene que ver con los numerosos fracasos cuyo factor principal son los “cuernos”, y en matrimonios ni se diga.

Porque independientemente de si la poligamia es un instinto natural y la monogamia una convención social, y si una es mejor o la otra, se trata más bien de opciones diferentes; lo realmente importante es vivir de una forma o la otra por elección. Cuando una pareja se sacude las presiones y normas sociales, puede definir si en realidad prefieren la monogamia; en cambio otras realizarán que no es la vía adecuada para su relación.

Eres dueño de tu cuerpo

La apreciación que cada quien tiene de su cuerpo es distinta. Me inclino por la idea de que uno mismo es quien manda sobre él, y si somos los únicos responsables de cómo lo alimentamos, cómo lo vestimos y la forma en que lo utilizamos, también somos libres y responsables de decidir con quién lo compartimos sexualmente. En una relación, ni yo mando sobre su cuerpo, ni él/ella sobre el mío; lo contrario se aproxima a la posesividad.

Para aquellos que ven lejana la posibilidad de compartir su cuerpo con una sola persona a largo plazo, una relación abierta representa una opción viable.

Necesidades sexuales distintas

Libidos diferentes, el placer de involucrarse con otras personas como objetivo puramente recreativo, fetiches, modos de experimentación ajenos a la pareja, géneros distintos; hay para quienes el goce está en la diversidad y otros no saben vivir sin la aventura. Porque nadie está obligado a satisfacernos totalmente, de hecho es casi imposible que lo logre y viceversa.

Comunicación como prioridad

Honestidad y transparencia son pilares en una relación abierta. Dependiendo de los acuerdos entre la pareja, el que exista la libertad de manifestar que alguien más te interesa sexualmente (habrá algunas que se permitan también sentir afecto) sin dejo de culpa, castigos de por medio o conflictos morales, es muy alentador.

Para la pareja abierta, la palabra infidelidad no sitúa a la relación al borde del precipicio, aunque ahí el manejo de los celos es punto y aparte; la comunicación es clave para definir la frecuencia y duración de los encuentros con terceros, con quién tenerlos, qué sí está permitido, qué no, si contarse lo sucedido o reservárselo.

Finalmente, embarcarse en una relación abierta siempre será decisión de dos, pugnando por un contexto donde no es admitido el engaño.

Ya hablaremos en otra ocasión del costal de prejuicios que cargan los involucrados, que si inmadurez, incapacidad para comprometerse y otros calificativos. Por ahora, quienes poseen una inquebrantable fe en la libertad, sin duda tendrán más razones que las expuestas, ¿cuáles son las tuyas para elegir o rechazar una pareja abierta?