Las relaciones alrededor de los 30: los espacios propios y ese escurridizo equIlibrio

Aman su espacio propio, pero quieren un compañero y hay situaciones que no transan. ¿Positivo o negativo?

Llevamos algunos años escuchando que las relaciones de pareja hoy son desechables. Pero no siempre es así; hay varios jóvenes muy comprometidos con su pareja, pese a la distracción y tentaciones que ofrece el entorno, antes impensadas. Pero una cosa es estar en una relación de forma estable y comprometida, y otra es hablar de formalidades. El matrimonio no es esencial en la mayoría de los casos; en Chile cada día hay más parejas que conviven, nos casamos menos y nos separamos más rápido.

Las cifras entregas por Casen lo comprueban. Los matrimonios pasaron de un 27,9% en 1990 en jóvenes entre 15 y 29 años, a un 4,9% en 2015. Y las convivencias subieron de un 4,2% en 1990, a un 16,1% en 2015.

Si ahondamos en los divorcios, el 2016 se firmaron un poco más de 48 mil, cifra bastante elevada, admitámoslo. También aumentaron, según datos del Registro Civil, las personas que se separan antes de cumplir 5 años de matrimonio: fueron 578 en 2006, y 3.035 en 2016. Las razones son variadas e incluyen la poca tolerancia y una sociedad que acepta mucho más el divorcio, entre otras.

El sicólogo de la Universidad Mayor, Edmundo Campusano, explica que las mujeres menores de 30 años, y en general de más edad también, no están enfocadas en estabilizarse en un proyecto de familia, en pareja con o sin hijos; esa no es su meta. Más bien están concentradas en su proyecto individual, trabajar, lograr autonomía, autoabastecerse. “Un gran grupo de mujeres están concentradas en sus logros personales, laborales y validarse socialmente”.

También suelen independizar el sexo del amor, no vinculando la satisfacción sexual a otro, sea hombre o mujer. “Si le preguntas a una mujer de 26 o 28 si quiere tener hijos, te responderá que no es parte del proyecto en general. Lo que pasa es que después de los 35 recién comienzan a pensar cómo enfocarse a futuro”, agrega Campusano.

Todo eso condiciona que el vínculo en pareja sea menos comprometido, o comprometido en el gozo o en el placer y no necesariamente relacionado con asumir la responsabilidad que involucra un proyecto más “grande”, como formar familia. “Si se van a vivir juntos, lo hacen para probar, compartir, no para crear de inmediato un lazo estable para los próximos 40 años. Si resulta, bien, pero ese no es el objetivo detrás de la decisión de compartir un techo”.

Al preguntar en nuestro entorno menor de 30 años, no es difícil toparse con realidades similares a lo que el especialista describe.

“Tengo 27 años, mi prioridad en este momento no son los hijos. De hecho estoy en cuestionamiento si los quiero o no. Uno se cría con la idea que algún día vas a ser mamá, y la presión social y de la familia ya existe, pero creo que ahora estoy enfocada en otros temas y aspectos de mi vida; no te puedo decir si los voy a tener, pero tampoco me atrevo a afirmar si no quiero ser mamá”, cuenta la periodista Karen Monsalve, representante de las sub 30.

Karen considera esencial, por sanidad, los espacios propios en la pareja. “Mi pareja es ‘parte’ de mi mundo y no ‘mi’ mundo, y eso es bueno dejarlo claro desde un comienzo. Esto no significa que no lo ame o no quiera estar con él, o que en mis actividades no lo involucre, para nada; pero creo y estoy convencida de que es sano mantener tu espacio, hacer ciertas cosas sola o con tus amigos. De hecho, cuando mi pareja me involucra mucho en su mundo también me agobia, y es por lo mismo, porque para mí mantener los espacios permite que la relación no sea rutinaria ni caer en la monotonía. Es frustrante cuando la relación se pone fome; en ese momento hay que dejarla”.

¿Casarse sin convivir? ¡No way! Convivir con la pareja antes de casarse permite que el cambio no sea tan brusco ni abrumador. “En la cotidianidad del día a día uno reconoce de verdad a la pareja. Pololear puertas afuera es mucho más ‘sencillo’ que el convivir con la persona que uno quiere”. Totalmente cierto.

Es una generación que no da valor a la firma de la libreta de matrimonio, pero no por eso tienen algunas exigencias o “reglamentos” que no transan en una relación de pareja. ¿La primera? El respeto. No se transa jamás, es considerado un valor fundamental y marca a su vez los límites.

Kel Calderón

En una entrevista que Kel Calderón (26) nos concedió hace un par de meses, contó aspectos de su relación con Pangal Andrade que reflejan la realidad de muchas parejas jóvenes chilenas, la misma que se vive hace décadas en Europa. No se quieren comprometer de inmediato, cuidan su espacio propio y apuestan a pasarlo bien.

Llevan más de 3 años de relación, ahora tienes tu primer departamento sola. ¿Por qué no vivir con Pangal?

Porque no, pero es su casa. Si quiere quedarse la semana completa, bienvenido. Que ordene sus cosas no más. Él está haciendo su casa en el Cajón del Maipo, y me dice que también soy bienvenida para quedarme el tiempo que quiera. “Vamos a vivir juntos en tal lugar” no está dentro de nuestros planes.

Pero, ¿te irías a vivir a la casa de Pangal en el Cajón del Maipo, en medio de la naturaleza?

La gente dice “qué lindo el nido de amor de los dos”, pero es una imposición del resto. Es decir, ¿no tengo derecho a querer la casa en mi estilo, vivir sola un tiempo? Es una etapa importante tener tu espacio. No me habría permitido salir de la casa de mi mamá a la casa de un hombre, porque es muy necesario en mi transición a ser adulta tener mis responsabilidades, manejar mi casa. No permitiría que esa etapa me la robara ni Pangal con su castillo en el Cajón del Maipo, ni Juanito Pérez en otro lugar. Él también tiene que aprovechar su casa de soltero. ¿Quién nos apura? Somos los dos jóvenes todavía.

¿En tus planes está tener hijos, casarte vestida de blanco, el perro, la casa?

No tengo en mi agenda corta ser mamá (ríe). Soy muy trabajólica, entonces tengo un tema con postergar la vida laboral por ser mamá. Lo planeo mucho más adelante, pero sí me gustaría tener un hijo, creo que es importante para una mujer. Me casaría feliz. No tengo drama. Tampoco tengo drama con separarme si no funciona. Bacán si tengo una casa con marido, guagua y un Labrador. Si no, también bacán. ¿Es que quién se casa para toda la vida en estos tiempos? Hay que desdramatizar esas situaciones. La vida tiene muchas vueltas.