El lado B de la maternidad: ¿Y si la pataleta en el supermercado la hago yo?

No te pierdas esta semana la columna de "El lado B de la maternidad" sobre las pataletas en público. Si te ha pasado, te sentirás muy identificada.

El lado B de la maternidad
#ladobdelamaternidad

Me pregunto si seré la única. No lo sé, pero cada vez que mis niños me hacen una pataleta en un lugar público me muero de la vergüenza y siempre, siempre, ocurre que aparece alguien conocido. La última vez fue en el supermercado. Pasamos por el pasillo de los juguetes y echaron al carro cuanto autito y camión se les cruzó por delante.

"No los voy a llevar", les dije intentando mantenerme zen. Seguí caminando y mantuve los juguetes en el carro hasta el final. Hasta que llegamos a la caja. Una vez ahí, los puse a un costado y les expliqué, nuevamente, que no los íbamos a llevar. "Voy a dejar estos juguetes aparte, no los llevamos", le dije con mi mejor voz a la señorita.

Entonces comenzó el berrinche. Saqué las cosas del carro nerviosa y estresada. Los segundos corrían lentos y los gritos iban en aumento. O tal vez esa fue mi sensación: que todo el supermercado escuchaba. Un kilo de arroz, mantequilla, pan, salsa de tomate, leche con chocolate, té verde y verduras. Todo lo que había al interior de mi carro parecía eterno. No acababa nunca de sacarlo. "Dígame su rut, ¿débito o efectivo?". ¡Yo me quería ir de ahí a toda velocidad!

Había una tremenda fila detrás mío. Todos miraban. Obvio. Porque ven un niño llorar y es culpa tuya. Claro. Algo le hiciste a la pobre criatura que llora y llora sin parar. La culpable siempre es la madre. Poco falta para que nos culpen por la lluvia que viene o la ola de calor. Todo se le atribuye a la madre. El niño se puso triste, culpa de una. El niño se enfermó, culpa de una porque no lo cuidó. El niño se cayó, culpa de una porque no estaba ahí para sujetarlo. La lista es interminable.

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Quise gritar y salir arrancando como loca. Subirme a mi auto y huir. Y sin embargo, no podía gritar porque si una grita te tildan de mala madre y probablemente te graban con el teléfono celular, suben el video a Youtube y la imagen se viraliza en cuestión de segundos.
"La mamá desquiciada gritándole a su hijo en el supermercado". Ya me lo imagino. Y todas las madres perfectas, aquellas que jamás pierden el control, quemándome en la hoguera por mala madre.

Para mi mala suerte, justo atrás mío en la fila había un conocido. De esos que no ves nunca y que te saludan y te preguntan por toda tu familia. Traté de contestarle que todos bien gracias, pero mi hijo seguía con la pataleta y él con su hija de unos diez años, nos miraban con cara de: ¡Pobre mujer le queda grande la pega!

Efectivamente, en ese momento sentí que me quedaba grande el trabajo de madre. Y no es la primera vez que lo siento. Muchas veces me pasa que no sé cómo enfrentar la maternidad y siento que me abruma, me supera, me colapsa. A veces, simplemente, no la puedo manejar. Como esa tarde en el supermercado mientras todos miraban.

Llegamos a casa, los niños se calmaron, olvidaron los juguetes y yo me tranquilicé también. Hay momentos muy estresantes en la crianza. Uno de ellos son las pataletas en público. Yo sé que ellos aún no saben modular su cerebro pero me cuestan. Algún día de estos seré yo quien lance una pataleta. A ver cómo reaccionan mis pequeños. Y es que una madre, con todo el trabajo que tiene encima, debería de tener todo el derecho del mundo a pataleo.
¿No creen?