Desde Málaga: Pablo Alborán se confiesa

Debutó el 2010, y en ese momento se subió a un carro vertiginoso del que tuvo que bajarse porque estaba abrumado y necesitaba preparar su nuevo disco. Aquí cuenta cómo lo hizo para volver a la carga.

 

 

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Por Jessica Celis Aburto

Su primer disco homónimo alcanzó el Nº1 de ventas en una semana en España, y el single "Solamente tú" arrasó en los ránkings. Ha sido nominado 4 veces al Grammy Latino; el 2013 fue jurado del Festival de Viña del Mar; su tercer álbum de estudio, Terral, lanzado a fines del año pasado ganó disco de oro en Chile, y ahora está de vuelta para presentarlo en 3 conciertos. Su éxito ha sido rápido y ascendente. Lo pilló de sorpresa, tanto que en algún momento le pasó la cuenta.

Has declarado que necesitabas volver a vivir, que por eso paraste, y así nació tu último disco. ¿Fue muy frenético el proceso?
Es muy fuerte lo que viví, porque todo salió de manera repentina. Desde afuera se ve un boom gigante, y no fue tal desde mi punto de vista, sino escalonado pero muy rápido. Fueron tres años sin domingos libres; los discos los componía en un avión, un tren o un hotel, echaba de menos a los amigos y esperaba irme con ellos a una terraza a tomar un vino. O ir con mi familia a la playa. Además este disco me encontró con muchos cambios a nivel de compañía, productores y manager, que los entiendo como lógicos pero soy ajeno a eso. Pensé que todos los cambios son positivos, pero para eso tenía que hacer el disco con más calma y volviendo a mi casa. Además era un tercer disco y todos te dicen "¡un tercer disco! (risas) Tienes que consolidarte, tener cuidado por no sacar cualquier cosa". Fue como "¡Dios mío! ¡Entonces déjenme volver a mi casa!" (risas). Así que así fue. Volví a Málaga, al estudio con cartones de huevo pegados en la pared, con mi familia, a estar con los amigos de siempre, ir a los mismos lugares de siempre y que la gente me trate como a un vecino más. Y cuando volví exploté. Explotó todo lo que había vivido en estos tres años, que quizás es poco pero son muchos sentimientos y emociones encontradas. Recuperé canciones incompletas y empecé a ver con quién trabajaba. Sentía que en los discos anteriores hubo mucha sobreproducción a veces, o gente que guió las canciones, y yo quería que las canciones nos guiaran. Quería la premisa "menos es más", y que prime la emoción.

¿Algún momento especialmente angustiante?
Sí. Llegaba a casa y no sabía cómo parar, mi cabeza estaba constantemente en otro lado. Me dormía y pensaba en trabajo, no prestando atención a las cosas importantes de la vida. Si voy al cine o a la playa la gente me para y no me molesta, porque es parte de mi trabajo. Eso es maravilloso y hay que agradecerlo, pero no puedes esperar que Alborán se coma a Pablito.

¿Pasó eso en algún minuto?
Sí, por momentos te olvidas de quién eres y es como si vivieras la vida de otro. Horrible. El ego te come, pero no por el hecho de vivir en las alturas, sino que tiene que ver con quién soy. Soy muy tradicional para muchas cosas, me gusta estar en familia y con amigos.

¿Te propusiste ser un cantante romántico o "salió" no más?
(Risas) Soy muy sentimental. No creo que uno se pueda proponer eso. Curiosamente te das cuenta que la gente necesita emocionarse y compongo sobre muchas cosas, pero las que más han funcionado son las canciones donde hablo de amor. Este disco no habla de un amor color de rosas porque no es así. Habla de un amor mucho más real, honesto. Lo que hace la música por otra gente es algo mágico, mágico, mágico, mágico. De hecho en la firma de discos que hice acá se me acercó mucha gente para contarme cosas heavys, que incluso anoté.

¿Alguna especial?
Una mujer de 77 años me abrazó y me dijo al oído que ella llegaba a su casa y ponía este disco para acurrucarse con su marido y quedarse dormidos tomados de la mano. Esas cosas me matan. Otra chica me contó que tenía una enfermedad de mierda pero que mi disco la estaba ayudando a sonreír. Otra llegó con su guitarra y me dijo que estaba aprendiendo a tocarla con mis canciones. Y un chico me contó que tenía que aprenderse mis canciones para enamorar a su novia (risas). Ahí te das cuenta que la gente necesita emocionarse. Mi música es para emocionar. Le doy mucha importancia al cariño, al cuidarnos.

Eres de Málaga, tu madrina es Diana Navarro, y en tu último disco hay ciertos guiños al flamenco. ¿Alguna posibilidad de que indagues más por ese lado?
Soy un amante del flamenco desde pequeño. Es uno de mis géneros favoritos. Además Paco de Lucía, Vicente Amigo, Tomatito, Camarón, obviamente Carmen Linares, son unos monstruos.

¿Y lo bailas?
No (risas), pero me encanta. Soy muy amigo de Sara Baras y de Eva Yerbabuena. La Lupi me encanta también, ¡es espectacular! Pura fuerza. Me parece que el baile es otra manera de comunicar las emociones y sensaciones con el cuerpo. Es muy difícil de hacer. Creo que el flamenco, como toda música tradicional –también soy fan del fado, tango, folclore napolitano y argentino, mexicano– conlleva un respeto absoluto por el género y la tradición, la nostalgia.

¿Qué música escuchas?
De todo. Desde jazz, Pat Matheny, hasta John Mayer, Coldplay, Maroon Five. La música electrónica y la clásica también me gustan mucho, y la ópera me encanta.

¿Cómo surgió la colaboración con Ricky Martin en la canción "Quimera"?
Nos conocemos hace años. Era una canción para él, no para mí. La empecé a componer hace tres años. Fue a Los Ángeles con mucha generosidad a grabar. Es un tipazo. Transmitió muy buenas vibraciones, es un tío que ha vivido tanto y mantiene la calma, aunque vive en una vorágine fuerte. Quedamos todos alucinados en el estudio.

 

Fechas en Chile

• 11 de marzo en el Teatro Caupolicán, Santiago.
• 13 de marzo en Sur Activo, Concepción.
• 14 de marzo en el Casino Enjoy, Viña del Mar.