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Conoce la historia de la chilena que descubrió un planeta

A mediados del 2015 descubrió un planeta gigante cuya masa mínima estimada es tres veces la de Júpiter, nos contó su experiencia en un área donde el género femenino sigue siendo minoría, y de la incertidumbre que significa dedicarse a la ciencia en un país denominado “la capital de la astronomía”.

Nunca se imaginó el revuelo que ocasionó su descubrimiento. En marzo de 2014 inició un proyecto en la Universidad de Chile para analizar los datos de un conjunto de estrellas rojas, junto a Matías Jones y su profesor guía, James Jenkins, astrónomo que el 2012 participó en el hallazgo del planeta más cercano a la Tierra con condiciones aptas para la vida.

Pese a sus descubrimientos, Maritza Soto prefiere mantener un perfil bajo y no hacer tanto alarde de sus logros. Habla de ellos con relajo y naturalidad, como si fueran cosa de todos los días. Y para ella, en cierto modo, lo es. Desde los 10 años quiso convertirse en astrónoma, sueño que se hizo realidad gracias a su gran motivación y al apoyo de sus padres. «Una vez llegué a mi casa con un libro de astronomía general que encontré en la biblioteca de mi colegio, y para mi cumpleaños me regalaron el mismo libro para que continuara leyendo, y luego otros más. Cuando tenía 14 años mis papás organizaron un viaje sorpresa al cerro Tololo. Esa fue la primera vez que visité un observatorio. Me gustaba verlos entusiasmados con mi interés en estudiar algo así, tan lejano a lo que ellos hacían, porque ambos son abogados».

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Luego de ocho meses de investigación, el año pasado descubrió que alrededor de una estrella roja gigante, ubicada a 293 años luz de la Tierra, orbitaba un segundo planeta que no había sido detectado. Lo particular de esto es que sólo uno de cada cinco planetas descubiertos gira en torno a este tipo de estrellas.

«Hace algunos años se habían descubierto planetas alrededor de algunas estrellas, y tiempo después un grupo de investigadores analizó de nuevo los datos con un método más moderno, viendo que varios planetas que habían descubierto antes, no existían. Entonces, cuando comencé a enfocarme en la detección de planetas, le pedí a un profesor trabajar en algún proyecto. Fue un trabajo largo. Empecé con tres estrellas y aumenté a cinco, entre las que encontré la señal de un nuevo planeta. TEsto demuestra la importancia de analizar datos antiguos», señala.

El camino para cumplir su objetivo no fue fácil. En el colegio siempre se destacó por ser muy buena alumna, especialmente en ramos científicos; sin embargo, en la universidad tuvo que enfrentarse a sus primeras frustraciones. «Hubo un momento en que estuve a punto de salirme de Astronomía, cuando reprobé Mecánica Clásica. Me atrasé un año y me desmotivé harto, especialmente porque mis papás iban a tener que pagar otro año más de universidad. Ellos fueron los que me calmaron y me dijeron que me concentrara en pasar el ramo, por lo que con mucho esfuerzo, finalmente lo logré. Hay un montón de gente que quiere seguir esta carrera, pero muchos desisten por la dificultad», señala.

Actualmente cursa su cuarto año de doctorado, pero ve con incertidumbre el futuro. A fines del 2016 irá por tres meses a Cambridge para participar en un proyecto al que la invitaron a colaborar, y más adelante planea realizar un post doctorado fuera. Cree que en Chile no existen las condiciones suficientes para desarrollar una carrera, ya que la mayoría de los investigadores en centros universitarios trabajan sin contrato, y en el mundo empresarial tampoco considera a los astrónomos para formar parte de sus equipos. «En algún momento me gustaría tener un trabajo estable. En muchos países los astrónomos pueden trabajar en empresas o bancos, porque saben analizar datos, entienden de computación, pero en Chile no los consideran».

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Los fondos que se destinan en nuestro país a la investigación científica equivalen al 0,4% del Producto Interno Bruto (PIB), muy por debajo del 2,6% que se destina en otros países de la OCDE. «Es un problema de conciencia como país. La astronomía de por sí no produce dividendos como una mina; sin embargo, trae conocimiento, que también atrae ganancias de una manera más indirecta. Pero para eso hay que invertir. Si un investigador extranjero no se gana un fondo del gobierno, no puede venir a trabajar a Chile», aclara.

En un universo masculino
Actualmente la Academia Chilena de Ciencias tiene como presidenta a una mujer, la primera en dirigir esta institución donde todavía existe mucha desventaja numérica de las mujeres con respecto a los hombres. «Creo que este tema empieza desde bien chicos, con la enseñanza que se les da a las mujeres desde niñas, porque no se les menciona la posibilidad de ser científicas y entonces nunca lo toman como opción, ni siquiera lo consideran». Maritza cree que las mujeres todavía tienen que demostrar sus capacidades para ganarse el respeto por parte de sus profesores y compañeros. «A pesar de eso he tenido la fortuna de nunca haberme sentido discriminada, aunque eso no significa que no haya discriminación. Creo que ha sido gracias a mi mamá, que es sumamente inteligente, por eso nunca vi como una desventaja ser mujer ni dudé de mis capacidades. Si me propongo algo, lo hago sin cuestionamientos».

Si eres o conoces una Mujer Impacta, postula la historia en www.mujerimpacta.cl. ¡Queremos premiarla!

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