Carta abierta a mi ansiedad

Dejar que la ansiedad se adueñe de tu vida no es forma de vivir.

Nos conocemos de hace mucho, tú y yo. Desde que mamá llegando tarde a recogerme era una segura señal de catástrofe, olvido, o desolación. Pero aprendimos a manejarlo. Ahora que soy adulta, puedo admitir que me has ayudado a algunas cosas: como no dejar la plancha del cabello encendida y a no causar un incendio, aunque eso nos cueste cinco minutos extras de chequeos y re-chequeos cada mañana sin excepción (porque también la puerta de la casa los requiere todos los días).

Aunque no me gustaste nada cuando antes de un examen importante me convencías de que no, no había estudiado lo suficiente y me causabas una amnesia temporal cinco minutos antes de la prueba. Pero a pesar de eso, a la primera leída me daba cuenta de que no había hecho tan mal trabajo estudiando, como decías y me concentraba en resolver todo con el poco o mucho conocimiento adquirido la noche anterior. Muy pocas veces tuviste razón de asustarme.

Creo que nuestra vida estaba en orden, y podíamos vivir en balance. Hasta que buscaste la forma de desarrollarte, y floreciste gracias a las nuevas tecnologías, los teléfonos y las redes sociales y las relaciones destructivas.

Entonces perdimos el control. Cualquier detalle pequeño significaba el fin, que yo era la peor persona. Durante un tiempo, incluso me hiciste pensar que quizás él podía leer mi mente, aunque simplemente se encargaba de espiar en mis cosas para buscar algo para hacerme sentir culpable a cada minuto. Y me hice pequeñita, mientras cada vez más tomabas fuerza. Cualquier señal era mala señal. Que él callara o no y me invitabas a pensar:

“Y ahora, qué es lo que hice mal.”

Fue cansado salir del trance, fue difícil y agotador, pero tú y yo seguimos tratando de regresar a la normalidad. Pero nunca lo logramos y ahora mi sistema digestivo comienza a pagarlo caro.

He decidido que necesitas controlarte, no excederte. No todo silencio es malo, ni todo error es fatídico. No todos los “tenemos que hablar” significan el fin del mundo, ni todas las discusiones son para mal. Pero ya lo sabes, una cosa es saber todo eso, y una muy diferente es sentirlo.

Tienes que calmarte, no puedo estar todo el tiempo mirando el celular, pero tampoco puedo deshacerme de él, ni tampoco estar buscando significados ocultos y leer entre las líneas de las líneas de las líneas de lo que la gente dice o deja de decir. Estoy cansada, querida ansiedad, no podemos seguir al ritmo al que vamos. Después de todo, el miedo impide amar, y no se puede vivir con miedo.

Es hora de que nos separemos un poco, o mucho. Es momento de dejar de pensar tanto todo el tiempo.