Aprende a fluir

Columna de Daniela Droz sobre cómo enfrentar situaciones de vida

Yo no sé por lo que tú puedas estar atravesando hoy, pero de algo sí estoy segura: todos, alguna vez, hemos sentido la necesidad de movernos, soltar, cambiar, tomar decisiones, alejarnos de ciertas personas, hacer las cosas de manera diferente o volver a empezar.

La vida no es siempre exactamente como queremos. He aprendido que hay que saber aceptar lo que nos tocó vivir y agradecer que cada día es nuevo y nos regala la oportunidad de hacer todo mejor, de modificar lo que tengamos que modificar para lograr vivir la vida que deseamos. Fluir es una de mis palabras favoritas porque se trata de no presionar, obligar o empujar a que algo suceda. Cuando fluyo, permito que pase lo que tenga que suceder, pero siempre moviendo las fichas como para que sucedan las cosas, pero sin prisa. Entonces, si todo va cayendo en su lugar, comienzan a darse las cosas, el camino se abre, las oportunidades aparecen y todo va saliendo bien. Significa que vamos bien, que estamos llegando al lugar que nos tocaba llegar. No hablo de que el camino sea fácil, nooo, no es eso, porque lo bueno conlleva esfuerzo. Me refiero a que vaya llegando todo de manera agradable. 

Ahora… si por el contrario todo se estanca, los esfuerzos no rinden frutos, no nos apoyan o valoran, si sentimos que nadamos en contra de la corriente, si el camino no se disfruta y, por el contrario, se sufre, pues ese no es el lugar donde nos corresponde estar. No obliguemos a que pase lo que nos da la gana que pase, porque, muchas veces, eso no es lo que nos conviene. No porque pienses que te guste mucho una persona significa que te toca estar ahí. No porque otros hayan logrado ciertas cosas significa que tu también lo harás, porque no todos fuimos creados para lo mismo.  Fluyamos en amor, y el amor se basa en respeto. Respeto a mí primero y, luego, a todo lo demás. Trabaja por lo tuyo, pero no presiones, porque lo que toca que llegue llegará.

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