El secreto mejor guardado

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El otro día me dijeron algo que al parecer es una suerte de verdad de la moda, pero de la que yo no tenía idea; que a las mujeres nos gusta comprar zapatos porque tenemos una sola talla, que no varía nunca y siempre sabemos que nuestro número nos queda bien. Y es verdad; nuestro número de zapatos siempre es el mismo, sin importar si estás más o menos flaca, si tu pelo está feo o si te salió una espinilla. Con cualquiera de las otras compras podemos terminar desmoralizadas y deprimidas; maquillaje, cosas para el pelo y ni hablar de los jeans: comprarlos puede ser una tortura. Por eso han inventado los levanta poto, los con relleno -que son especialmente horribles-, los pitillos y miles de otros modelos.

Cualquier otra compra se puede transformar en una lata, pero ir a comprarse zapatos nunca. Uno va a directo a ellos, eliges el que te gusta, pides tu número, si tienes suerte te lo traen y siempre te quedan bien. Pueden ser incómodos o puedes no poder pagarlos, pero no se te sale el rollo por ninguna parte, no se te ve el poto plano, ni nada de ese estilo.

No sé cómo no había pensado antes en esto, pero ahora entiendo a Carrie Bradshaw -que en un capítulo de Sex and the city se da cuenta de que se había comprado el equivalente a su departamento en Manolo Blahniks-, a la mayoría de mis amigas y a mi mamá, que amablemente me heredó su obsesión por los zapatos.