Empezamos un 2026 con la autenticidad de Nadia Mejía iluminando nuestra portada. La hija del icónico Gerardo Mejía no solo heredó el carisma de su padre, sino que ha construido un camino propio cimentado en la espiritualidad. Después de casi un año de intensas emociones tras su paso por Miss Universo, Nadia nos recibe con una sonrisa que trasciende la pantalla, lista para reconectar con el país al que representa ante el mundo como su soberana.
Visitar Ecuador es parte de su agenda, mes a mes
“Para comenzar este año con nueva energía, entrar a mi país y recibir todo el amor y apoyo de la gente fue un sueño cumplido”, nos confiesa Nadia con una emoción vibrante. Tras un 2025 donde admite que su ánimo estuvo bajo debido a la presión del certamen, este regreso a Ecuador ha sido el bálsamo necesario. Para ella, el 2026 no es solo un número en el calendario, sino el despertar de una nueva etapa donde su propósito está más claro que nunca: estar con su gente.
Aunque sus raíces están profundamente ancladas en Guayaquil por la herencia “guayaca” de su padre, Nadia ha descubierto que su amor por Ecuador no tiene límites geográficos. Su reciente gira por Cuenca y Quito la dejó maravillada. “Sentir el calor humano que tenemos los cuencanos y los quiteños... ¡uff, fue increíble!”, exclama. Ese intercambio cultural ha reforzado su deseo de no ser una visitante ocasional, sino una presencia constante en cada rincón del país.

No solo planea estar en las grandes ciudades. Su agenda para los próximos meses incluye destinos mágicos como la Amazonía y Baños, demostrando que su compromiso es con todo el territorio. “Voy a regresar cada mes; estaré en Guayaquil antes de entregar mi corona”, asegura, dejando claro que quiere aprovechar cada segundo de su reinado para dejar una huella imborrable previo a pasar la posta a la próxima soberana.
Un padre que le inculcó el amor por Ecuador y la salud mental en las circunstancias más difíciles
“Mi papá es mi héroe, mi roca. Eso nunca va a cambiar. Gracias a Dios tengo un padre así que, cuando era niña, sembró la semilla del amor por Ecuador. Él es la persona más orgullosa de ser ecuatoriano y ahora cree que también lo soy yo. Para muchos, tal vez sea el que corea ‘Rico Suave’ o ‘Ven Michu, Michu’, pero para mí es la persona más importante en mi vida: mi guía y mi todo”, destaca la Miss Universo Ecuador.
Al elogiar la figura paterna de Nadia, recordamos que pasó por capítulos muy difíciles. Había empezado su carrera de modelaje muy joven, a los 16 años, en medio del glamour y los viajes que le ofrecía Estados Unidos. Sus padres pasaban por un proceso de separación y ella centró toda su energía en contar calorías, cayendo en un cuadro de anorexia.
A veces nos refugiamos en malas decisiones por huir de lo que nos duele y me di cuenta de esto tras tres años en los que estuve enferma por esta situación pero gracias a mi fe en Dios y al amor de mis padres, hoy en día estoy bien. Cada día tomo la decisión para escoger siempre mi salud y decirme frente al espejo que soy suficiente y que cada día hay un reto diferente”, cuenta.
Un Miss Universo que dejó días grises
Uno de los temas más valientes que Nadia comparte con Nueva Mujer es su impulso por velar por la salud mental. Con total honestidad, admite que tras el Miss Universo su energía no era la misma. “Mi ánimo no estaba como antes”, revela. Sin embargo, ha encontrado en la fe y en el cariño de los ecuatorianos la fuerza para sanar. Su mensaje es potente: incluso las mujeres más admiradas del mundo tienen días oscuros, y reconocerlo es el primer paso hacia la verdadera belleza.
“Comencé en los concursos de belleza cuando tenía 13 años; para mí ya es un camino ganado. Pero había un sueño pendiente por cumplir y por cumplirme, porque me lo había propuesto hace varios años, y era representar a Ecuador frente al Universo. Puedo decir, con todo el amor y el orgullo, que lo cumplí. No voy a buscar otra corona para sentirme mejor en algún otro concurso internacional; yo ya gané el amor de mi país, Ecuador”, afirma muy emocionada. Además, acota que en estos últimos meses busca generar un cambio positivo y estar más conectada con la gente, y explica que ya no puede competir en otros certámenes por ser una mujer casada: “las reglas del juego ya están sobre la mesa”.
Enamorada de Dios y de Ecuador
El amor es otro motor fundamental en su vida. Nadia se define como una mujer profundamente enamorada de Dios, de la vida, de su pareja y de su comunidad. “Tengo mucho amor en mi corazón por cada persona, incluso por cada hater que criticaba si hablaba o no español o si nací aquí o fuera, en fin. Gracias a ellos me motivé y logré mi meta”, dice con una madurez que inspira. Esa capacidad de transformar la crítica en amor es, quizás, su corona más brillante.
Al preguntarle sobre el futuro y la posibilidad de formar una familia, Nadia se muestra clara y decidida. Aunque el deseo de ser madre está en su horizonte, su prioridad actual es su crecimiento profesional. “En este momento estoy enfocada en mi carrera. Tengo muchas oportunidades ahora y mi objetivo es aprovecharlas, pero si tengo hijos, quisiera que nazcan aquí”, afirma. Nadia representa a la mujer contemporánea que sabe que hay un tiempo para todo y que ahora es su momento de conectar con el corazón de los ecuatorianos.
Nadia se despide con bendiciones para todas las lectoras de Nueva Mujer, recordándonos que no importa cuán lejos lleguemos, el hogar siempre está donde el corazón se siente amado.
