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Nathaly Quiñónez se casó en Ecuador: un “sí” al amor frente al mar, al ritmo de marimba y al atardecer

La modelo Nathaly Quiñónez celebró su boda en Ecuador con una ceremonia frente al mar, marcada por un brindis al atardecer, música emotiva, cultura afroecuatoriana y un “sí” cargado de amor y significado.

Nathaly Quiñónez
Nathaly Quiñónez Celebró su boda en Ecuador junto al empresario alemán Thomas Greulich.

El amor encontró su escenario perfecto este fin de semana en Ecuador. Nathaly Quiñónez y su esposo Thomas Grulich sellaron su unión en una ceremonia íntima y profundamente simbólica, celebrada al borde de la playa y en pleno atardecer, cuando el cielo comenzó a teñirse de tonos dorados y rosados, acompañando uno de los momentos más importantes de sus vidas. El brindis de los recién casados coincidió exactamente con la caída del sol, convirtiendo ese instante en una postal imborrable de amor y conexión.

Una ceremonia cargada de significado

La boda estuvo marcada por detalles cuidadosamente pensados. Nathaly lució un vestido totalmente blanco, ceñido a su cuerpo, elegante y sobrio, que resaltó su presencia natural y su estilo auténtico. Su esposo optó por un traje de pantalón y camisa blanca, acompañado de una chaqueta palo de rosa, una elección fresca y armónica con el entorno costero.

El ingreso de la novia fue uno de los momentos más emotivos. Nathaly llegó acompañada de dos familiares, uno de ellos un policía, quien vistió su uniforme y cumplió con las actividades protocolares propias de este tipo de eventos, aportando solemnidad y un significado especial al inicio de la ceremonia.

La paleta cromática elegida para el evento también tuvo su protagonismo. Las damas y los pajecillos vistieron atuendos en distintas tonalidades de verde, un color que simboliza vida, esperanza, naturaleza y nuevos comienzos. La combinación cromática dialogó perfectamente con el paisaje natural y el espíritu relajado pero solemne de la boda.


Música, emoción y un baile solo para dos

Uno de los momentos más íntimos y recordados fue cuando los novios bailaron solos la canción “Flor Pálida” de Marc Anthony, una de las melodías elegidas para marcar su historia. Sin coreografías elaboradas ni distracciones, el baile fue un acto de conexión genuina, miradas cómplices y emoción compartida, que conmovió a los asistentes.

La ceremonia incluyó un espacio especial para honrar la cultura afroecuatoriana, un gesto que dio identidad y profundidad al evento. Los asistentes disfrutaron del tradicional baile de marimba y bomba, acompañado de vestuario y coreografías representativas de los ritmos esmeraldeños, interpretados por El Palmicultor. Este momento celebró la herencia cultural, la memoria colectiva y el orgullo por las raíces.

Su esposo y la historia de una boda que cruzó continentes

El esposo de Nathaly Quiñónez es Thomas Greulich, empresario de origen alemán que ha mantenido un perfil discreto, pero constante en la vida personal y profesional de la modelo ecuatoriana. Su relación se ha construido sobre el respeto, la complicidad y una visión compartida de familia, valores que se reflejaron en cada detalle de la celebración. Greulich ha acompañado a Nathaly en su carrera internacional y en sus proyectos sociales, y ha mostrado un vínculo genuino con Ecuador, país que eligieron como escenario para una de las celebraciones más significativas de su unión.

La historia de su matrimonio tuvo dos momentos clave en 2025. Ese año, la pareja formalizó legalmente su relación en Europa con un matrimonio en Alemania; sin embargo, fue este fin de semana en Ecuador cuando decidieron compartir su amor con una ceremonia simbólica frente al mar. Este segundo “sí” estuvo cargado de identidad, emoción y raíces: un atardecer como testigo, música que marcó su historia y una celebración que honró la cultura afroecuatoriana, convirtiendo su boda en un puente entre dos mundos y en un homenaje al amor que eligió celebrarse con sentido y memoria.

Con el mar como testigo y el cielo despidiéndose del día, los novios pronunciaron su “sí, acepto” en pleno atardecer, sellando su compromiso rodeados de naturaleza, música, tradición y amor. Más que una boda, fue una celebración de identidad, familia y futuro compartido, donde cada detalle habló de autenticidad y alegría.

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