Visité tres de los mejores restaurantes del mundo ubicados en CDMX y esto fue lo que pasó

Ignacia Allamand nos cuenta cómo fue su experiencia en busca de los 50 Best mexicanos

Ciudad de México es una de las ciudades más fascinantes en términos culinarios que me ha tocado conocer. Es verdad que otras capitales del mundo, como Lima o Roma, son una experiencia foodie inolvidable, pero México, además de tener una cocina única patrimonio inmaterial de la humanidad, cuenta con una impresionante variedad no solo a la hora de elegir qué comer, sino también con precios accesibles para todos los bolsillos y una calidad que no decae jamás.

Hasta en el puesto más pequeño de la calle el cariño por la identidad culinaria y el respeto por los ingredientes se hace patente y, a pesar de que a veces los extranjeros tienen reparos con la posibilidad de contraer alguna enfermedad, la realidad es que en la calle se come bien, limpio, barato, y sobre todo, auténtico. Los puestos callejeros son una representación perfecta de la cocina mexicana, además de centros neurálgicos de la vida social chilanga.

Por esta razón, la gran mayoría de los habitantes de esta ciudad arrugan la nariz a la hora de hablar de los restaurantes de mantel largo, situados en lugares protagónicos de las famosas listas mundiales de “los mejores” y muchos dirán que no vale la pena hacer ese gasto cuando puedes probar la verdadera cocina mexicana a precios mucho más accesibles y sin tanto teatro. Es cosa de gustos.

Yo soy de esas personas que se interesa por probarlo todo, especialmente si se trata de comida. Y mis lugares favoritos para comer en la ciudad no son precisamente los más premiados, pero cuando recibí la visita de un gran amigo que vive por tachar restaurantes en su lista de pendientes, no dudé en sumarme a conocer durante tres días, tres restaurantes que cuentan con el reconocimiento 50 best, uno de los más importantes a nivel mundial, y debo decir que valió la pena. Al final, las propuestas de estos chefs van más allá de la comida y los parámetros de excelencia están presentes en todo. Aquí les dejo mi impresión personal de comensal amateur y cómo me sorprendieron o desilusionaron los “mejores” restaurantes de la CDMX, en el orden que los visité.

Máximo Bistrot (Del Chef Eduardo García, nº 20 en Latinoamérica)

Máximo es uno de esos lugares que al principio parecen un poco hostiles. El servicio no es amable y las estrictas reglas de no reemplazar alimentos junto con la ansiedad de algunos meseros por tomar rápido la orden o llevarse los platos puede caer un poco mal. Pero una vez que llega la comida, todo eso desaparece. Es sorprendente cómo algo tan simple como una cebolla cocinada en suero puede ser tan deliciosa o cómo un pan francés pasa a ser el mejor postre que has probado cuando hasta ese momento solo lo habías considerado como desayuno. Las carnes en su punto, los sabores perfectos, una cocina con identidad, pero lejos de ser pretenciosa. El sommelier fue preciso a la hora de recomendar el vino que acompañó nuestras opciones a la perfección. Mi favorito.

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Cremoso de chocolate, avellana, naranja |

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Pujol (Del Chef Enrique Olvera nº 12 del mundo, nº 3 en Latinoamérica)

Nadie en su sano juicio podría decir que en Pujol se come mal, pero a mi paladar chileno ya adaptado a los sabores chilangos, los sabores le parecieron un poco sobrios. Demasiado adaptados al turista. El sistema es un híbrido entre menú degustación y carta, se elige entre varias opciones para cada tiempo. Todo lo que pedimos estaba bueno, pero la diferencia entre unos y otros platos se me hizo demasiado extrema, por lo que el ceviche que pedimos era francamente aburrido en relación al pulpo que estaba sabroso y en su punto. El favorito indiscutible, los elotitos con esa salsa de hormiga chicatana, y eso que comer bichos todavía me resulta un choque cultural. El servicio perfecto, no invasivo y el lugar muy lindo, luz perfecta y una coctelería deliciosa, innovadora, sin errores, la margarita de mezcal de las mejores que he probado. Me quedó pendiente para la próxima la barra de omakase de tacos, otra forma de probar la premiadísima cocina de Olvera.

Sud 77 (Del chef Edgar Nuñez, nº 14 en Latinoamérica)

Este restaurant, aunque me odien los críticos, para mí fue una gran decepción. El lugar es hermoso, la luz perfecta para ambientar una cena íntima, y el servicio muy amable y dedicado. Fue un poco raro cuando quisimos preguntar al mesero por su recomendación y el gerente no lo dejó hablar, cuando precisamente era la opinión de él la que queríamos escuchar, pero no hubo caso. Pedimos en gran parte lo que él nos sugirió y para ser honesta, no cumplió. Tal vez solo fue un mal día, o malas decisiones, pero el pulpo estaba chicloso y difícil de masticar. Luego la sopa de hongos de temporada: insípida, aburrida. El highlight de la noche fueron unas mollejas perfectas y un ceviche de callo de hacha que es uno de mis ingredientes favoritos de la costa mexicana. Pero el resto, francamente no cumple con los estándares que veníamos conociendo. Acompañamos la cena con un Malbec de Kaiken que estaba delicioso (como siempre) así que si tienen la suerte de encontrarlo por ahí, se los recomiendo.

Mi abuela decía que sobre gustos hay mucho escrito, pero que la gente lee muy poco, en este caso leímos mucho y tal vez eso aumentó nuestras expectativas. Como ya lo dije anteriormente, no soy una experta y éstas son sólo mis impresiones. La experiencia de comer en cualquiera de estos tres lugares vale la pena. Por mi parte ya tengo mi favorito, y espero seguir teniendo la oportunidad de tachar algunos más de mi lista.


Ignacia Allamand es una actriz chilena de cine, teatro y televisión radicada en Ciudad de México desde el 2017. Ha participado en múltiples proyectos televisivos y cinematográficos en Latinoamérica, México y Estados Unidos. Actualmente es parte del elenco de la serie “El dragón” de Televisa y Univision y escribe la columna de opinión “Crónicas de una güera” para Nueva Mujer Chile. Ex Locutora de radio, eterna viajera y sibarita, comparte sus experiencias a través de su cuenta de Instagram @ignaciachaopez y se encuentra trabajando en su primer libro que será publicado en 2020.

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