Detrás de cada línea de expresión hay una historia, pero detrás de cada mancha suele haber un cambio interno o un descuido con el entorno.
Para las mujeres, el rostro no es solo nuestra carta de presentación; es el lienzo donde se manifiestan nuestras hormonas, el paso del tiempo y la intensidad del clima. En un país bendecido —y desafiado— por recibir 12 horas de sol radiante todos los días, la piel de las ecuatorianas exige una mirada experta.
Para comprender a fondo cómo cuidarnos a partir de los 25 y 30 años, conversamos en exclusiva para Nueva Mujer con la Dra. Katherine Carranza Delgado, prestigiosa médica dermatóloga graduada en Ecuador y especializada en la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro. Con una visión científica y profundamente empática, la especialista desmitifica las tendencias de redes sociales y nos guía hacia la verdadera raíz del cuidado cutáneo.

El reloj biológico y el sol: ¿Por qué nos manchamos las mujeres?
A partir de cierta edad, nuestro cuerpo empieza a transitar cambios silenciosos. La Dra. Carranza explica que el cruce entre la biología femenina y la radiación solar es el escenario perfecto para la aparición de hiperpigmentaciones.
“A partir ya de los 25 o 30 años, las mujeres comenzamos a perder lo que es el colágeno y, por ende, estamos mayor expuestas a lo que es el sol. Como somos mujeres, estamos expuestas a nuestros cambios hormonales”, señala la especialista.
La experta enfatiza que momentos clave como el embarazo o las largas jornadas laborales potencian la influencia hormonal en la pigmentación. A esto se suma un factor acumulativo: la memoria de la piel.

“La exposición al sol hace que los rayos ultravioleta completamente manchen la piel. ¿Y qué sucede? Que nuestra piel tiene memoria. Tal vez ahorita no vemos las manchas, sino después de unos 2, 3 o 5 años. Comienzan a aparecer esas manchitas que uno dice ‘ay, son signos de la adultez’, pero netamente es nuestra piel recordando esas lesiones”, advierte la doctora.
Más allá del maquillaje: Atacar la raíz del problema
Ante la aparición de una mancha, el primer impulso de muchas mujeres es correr por un corrector de alta cobertura. Si bien el maquillaje es un gran aliado estético, la Dra. Carranza es enfática en que no se debe camuflar lo que requiere evaluación médica.
“Lo ideal sería atacar a la raíz del problema. Una valoración dermatológica es idónea porque hay diferentes tipos de manchas”, explica.
No toda pigmentación es un melasma; existen lesiones benignas como los léntigos solares que reaccionan ante el sol y las hormonas. Por ello, los tratamientos caseros o recomendados por amigas pueden fallar, ya que cada piel es un universo distinto.
Cuando la piel avisa un problema interno
La dermatología es, además, una ventana a nuestra salud interna. La Dra. Carranza revela que muchas pacientes acuden buscando aclarar zonas como el cuello o las axilas, descubriendo que el origen no es cosmético, sino endocrinológico o metabólico.

“Cuando se manifiesta alguna alteración endocrinológica, se manifiesta en el cuello y en las axilas. En mi caso, soy muy ética y profesional, yo no trato por tratar. Lo primero es el examen físico para descartar cualquier alteración y trabajar de la mano con un equipo multidisciplinario, en este caso, con el endocrinólogo”, afirma, recordando que el oscurecimiento de axilas también puede verse agravado por factores mecánicos cotidianos como el uso de la rasuradora o ciertos desodorantes.
El Sol: ¿Amigo o enemigo? La verdad sobre los protectores solares
En la era digital, han proliferado discursos peligrosos e influencers que aseguran que el protector solar es “un veneno” y que el sol no causa enfermedades. Al consultarle sobre esto, la Dra. Carranza es tajante en defender la evidencia científica.
“Quitarse de la mente que el exceso de tomar sol no causa cáncer; eso sí es una mentira de las redes sociales”, sentencia de forma rotunda.
El sol tiene una doble faceta. Por un lado, puede ser un gran aliado: “En horas ideales, hasta las 10 de la mañana y después de las 4 de la tarde, uno puede tomar sol porque activa la vitamina D, que es buena para el calcio. Incluso lo indicamos para desinflamar afecciones como la psoriasis. Pero el exceso en horas no adecuadas y sin protección te expone a alteraciones graves”, aclara.
Respecto al mito de la toxicidad de los protectores, la especialista da tranquilidad a las lectoras de Nueva Mujer explicándoles que las fórmulas actuales pasan por estudios científicos exhaustivos y no contienen principios activos que generen cáncer o dañen la salud.
La receta de la experta: Horarios estrictos de fotoprotección
Para prevenir el envejecimiento prematuro, las manchas e incluso el cáncer de piel (que suele manifestarse con manchas o lesiones ulcerativas que no cicatrizan, incluso en zonas olvidadas como las orejas), la Dra. Carranza comparte su regla de oro para la aplicación del bloqueador:
- 07:00 AM: Primera aplicación antes de iniciar el día.
- 11:00 AM: Reaplicación indispensable antes del pico de radiación más fuerte.
- 02:00 PM: Refuerzo de la protección de la tarde.
- 03:00 PM a 04:00 PM: Última reaplicación del día.
Esta rutina no se limita al rostro. Mujeres que conducen de forma frecuente o pasan horas expuestas al parabrisas deben proteger también los brazos y el cuerpo. El tipo de protector dependerá de las necesidades de tu tipo de piel, pero el hábito, querida lectora, es innegociable. ¡Tu piel del futuro te lo agradecerá!
