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El despertar de la Chakra: 60 mujeres indígenas que están salvando la tierra y nuestra salud en Cotacachi

En el corazón de Imbabura, el Comité de Mujeres de la UNORCAC impulsa una revolución verde. Con el apoyo del PNUD y el Gobierno, estas lideresas transforman sus chakras en modelos de agricultura resiliente, libre de químicos y llena de vida ancestral.

Mujeres de Cotacachi
Mujeres de Cotacachi Están salvando la tierra y nuestra salud.

En el corazón de Imbabura, donde las montañas parecen susurrar historias antiguas, se está gestando una revolución silenciosa pero poderosa. No se trata de una revuelta con ruidos, sino de una con raíces.

Sesenta mujeres indígenas del cantón Cotacachi se han convertido en las guardianas de un tesoro que muchos creían perdido: la chakra andina. Su misión es tan vital como ambiciosa: demostrar que es posible alimentar al mundo sin recurrir a químicos que dañan la tierra y la salud.

El regreso a la raíz: ¿Qué es una chakra?

Para entender este movimiento, hay que comprender el concepto de la chakra. En kichwa, este término no solo se refiere a un pedazo de tierra; es un sistema de vida. Es un espacio de policultivo donde el maíz convive con el fréjol, la quinua y las plantas medicinales en una simbiosis perfecta. Sin embargo, con la llegada de la agricultura industrial, el uso de plaguicidas peligrosos comenzó a amenazar este equilibrio.

Hoy, gracias a la iniciativa del Comité Central de Mujeres de la UNORCAC y el apoyo de organismos internacionales como el PNUD y los ministerios del Ambiente y Agricultura, estas productoras están retomando el control.


A través del proyecto FARM Ecuador, se busca reducir en un 30% el uso de agroquímicos, sustituyéndolos por ciencia aplicada y sabiduría ancestral.

Innovación con rostro de mujer

El liderazgo femenino en Cotacachi no es casualidad. Luz Andrade, presidenta del Comité de Mujeres, lo tiene claro: la sostenibilidad de la tierra pasa por las manos de quienes cuidan la vida. La implementación de este proyecto incluye la creación de biofábricas grupales y la producción de 30 toneladas de compost.

Imaginen esto: en lugar de comprar pesticidas sintéticos en una tienda, estas mujeres ahora “cocinan” sus propios nutrientes para el suelo. Elaboran 1.500 litros de biofertilizantes, transformando desechos orgánicos en oro puro para sus cultivos. Es una mezcla de innovación tecnológica con el respeto profundo por la Pachamama que sus abuelas les enseñaron.

Un impacto que trasciende la montaña

Este esfuerzo en Cotacachi es uno de los 20 proyectos ganadores del mecanismo AgroConCiencia. Lo fascinante es que no es un hecho aislado; forma parte de una estrategia global en siete países que busca proteger la biodiversidad. Al final del día, lo que sucede en una pequeña ladera andina tiene eco en la salud global.

Cuando una madre en Quito o Guayaquil compra una hortaliza cultivada bajo estos principios, no solo está llevando salud a su mesa, está apoyando un modelo de negocio que permite que 2.099 mujeres en todo el país fortalezcan su economía y su autoestima.

La cooperación entre el sector público y las comunidades indígenas está demostrando que las políticas públicas son más efectivas cuando tienen rostro humano y sensibilidad ambiental.

El legado de las guardianas

La transición agroecológica no es solo una cuestión técnica; es una decisión estratégica para la supervivencia. Al reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y gestionar el territorio de forma sostenible, Cotacachi se sitúa como un referente mundial.

Estas 60 mujeres no solo están sembrando semillas; están sembrando conciencia. Nos enseñan que el progreso no siempre significa ir hacia adelante a ciegas, sino a veces, saber mirar hacia atrás para recuperar lo que era bueno, natural y real. Las chakras andinas florecen de nuevo, y esta vez, el aroma es de pura vida, libre de químicos.

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