Gourmet

¿No te gusta la Fanesca? Te damos seis delicias ecuatorianas para vivir con sabor a la Semana Santa

Si el bacalao no es lo tuyo, la Semana Santa en Ecuador tiene un menú de “rebeldes” esperándote. Desde la cremosidad del Molo hasta el dulzor de los higos y el Jucho, te contamos por qué no necesitas comer Fanesca para celebrar nuestra tradición.

Fanesca
Fanesca Creado con IA

Estamos en la Semana Mayor en Ecuador y, con ella, tenemos el aroma inconfundible del bacalao seco que empieza a invadir cada rincón, desde los mercados populares hasta las cocinas de la abuela.

Para muchos, es el momento más esperado del año; para otros —seamos sinceros—, es el inicio de una pequeña “tragedia” gastronómica.

Si eres de las que mira con sospecha esa mezcla infinita de granos, si el sabor del pescado seco simplemente no logra conquistar tu paladar o si el solo pensar en la digestión de los doce granos te quita el sueño, ¡bienvenida al club! No estás sola y, lo más importante, no te vas a quedar con hambre.

La Semana Santa ecuatoriana es un universo de sabores que va mucho más allá de una sopa espesa. Es una fiesta de la cosecha, un despliegue de creatividad mestiza y una oportunidad para disfrutar de platos que, al igual que la Fanesca, solo aparecen en esta época del año para recordarnos quiénes somos.


Desde purés de papa que parecen obras de arte hasta postres que saben a abrazo de mamá, existe un menú paralelo esperándote. Así que, deja a un lado el prejuicio y el bacalao, porque hoy vamos a explorar el lado más dulce, cremoso y refrescante de nuestra tradición.

El Molo: El puré de papas que se vistió de gala

Si la Fanesca es la reina, el Molo es, sin duda, la princesa elegante de la mesa. Aunque muchos lo ven como un simple acompañante, para quienes huyen de los granos, el Molo es el salvavidas oficial.

No te dejes engañar por su sencillez; no es el puré de papas que haces un martes por la noche. Este es un plato ritual.

El secreto del Molo reside en la calidad de la papa (la chola es la favorita por su textura harinosa) y en la generosidad de la leche, la mantequilla y el queso fresco.

Pero lo que realmente lo hace “Semana Santa” es su decoración. Se sirve sobre una cama de lechuga crespa y se adorna con rodajas de huevo duro, queso rallado, cebolla blanca finamente picada y el toque dorado del maduro frito.

Es un plato visualmente alegre, fácil de comer para niños y adultos, y una prueba de que con una buena papa ecuatoriana no se necesita nada más para ser feliz.

Ushucuta: El ancestro “light” y místico

¿Sabías que antes de que llegara el bacalao y los lácteos europeos, ya celebrábamos la cosecha? Aquí es donde entra la Ushucuta (o Uchuta).

Es, esencialmente, la tatarabuela de la Fanesca. En las comunidades andinas, especialmente en la Sierra Central, este plato se mantiene vivo como una alternativa más pura y conectada con la tierra.

La Ushucuta es un guiso espeso de granos tiernos y zapallo, condimentado con hierbas silvestres y el infaltable toque de ají de piedra. Al no llevar pescado ni leche, su sabor es mucho más herbal y ligero.

Es la opción perfecta para quienes quieren honrar el concepto de la “fanesca” (el uso de los granos de temporada) pero prefieren evitar el sabor invasivo del bacalao.

Es historia líquida en un plato de barro, recordándonos que nuestra cocina empezó con los frutos de la Pachamama.

Arroz con Leche: El consuelo dulce de la nación

Si hay un aroma que define la tarde de un Viernes Santo en Ecuador, es el de la canela y la pimienta dulce infusionándose en leche. El Arroz con Leche es el postre democrático por excelencia; no importa si estás en la Costa, la Sierra o el Oriente, este manjar une a todo el país.

Para los “anti-fanesca”, el Arroz con Leche es el verdadero protagonista. Prepararlo es un acto de paciencia: esperar a que el arroz se abra, que la leche se reduzca hasta alcanzar esa cremosidad casi pecaminosa y que las pasas se hinchen de sabor.

Unos lo prefieren caliente, recién salido de la olla, mientras que otros lo disfrutan frío al día siguiente. Sea como sea, es el final feliz que cualquier almuerzo de feriado merece.

Dulce de Higos: El brillo oscuro de la tradición

No puedes decir que celebraste Semana Santa si no terminaste con los dedos un poco pegajosos por la miel de panela. Los higos con queso son el equilibrio perfecto de nuestra gastronomía.

El proceso es casi alquímico: los higos deben pasar por un largo remojo, ser “asustados” con agua fría y luego cocinados lentamente en un almíbar espeso de panela, canela y clavo de olor hasta que brillan como joyas negras.

Esa combinación del dulce intenso y casi terroso del higo con la frescura y el toque salado de una buena tajada de queso de mesa es, simplemente, una genialidad.

Es un postre con carácter, que nos habla de la paciencia de nuestras abuelas y de la riqueza de nuestros productos locales.

Jucho: El elixir de los capulíes

Si hablamos de exclusividad temporal, tenemos que hablar del Jucho. Este es un postre bebible que solo existe mientras el capulí está en temporada (febrero, marzo y abril). Es una tradición muy arraigada en la Sierra, especialmente en Tungurahua.

El Jucho es una mezcla vibrante de capulíes, duraznos, maicena y especias. Su color morado brillante es un espectáculo visual y su sabor agridulce es una explosión de frescura.

Para quienes no gustan de los platos pesados, un vaso de Jucho con una humita caliente es el almuerzo de Semana Santa más creativo y auténtico que se pueda imaginar. Es la forma en que los Andes celebran el florecimiento de la vida.

Chicha de Resbaladera: El suspiro frío de la Costa

Y para cerrar este recorrido con alegría y frescura, bajamos a la Costa para encontrarnos con la Chicha de Resbaladera. Mientras en la Sierra se busca el calor de la sopa, en la Costa se busca el alivio del hielo.

Esta bebida, tradicional de Guayaquil, se elabora a base de arroz cocido y molido, mezclado con especias como clavo de olor y canela, y a veces un toque de esencia de vainilla o helado.

Se llama “resbaladera” por lo suave que pasa por la garganta. Es la compañera ideal para las reuniones familiares bajo el sol costeño y una alternativa elegante y refrescante a las bebidas comunes.

Una mesa para todos

La Semana Santa no debería ser un examen de resistencia para tu estómago, sino una invitación a explorar nuestra identidad.

Si no te gusta la Fanesca, no sientas que estás “fallando” a la tradición. Al contrario, al elegir un Molo bien decorado, un Jucho refrescante o una porción generosa de higos con queso, estás manteniendo vivos otros pilares de nuestra cultura que merecen el mismo reconocimiento.

Al final del día, lo que importa es el tiempo compartido, la mesa llena y el orgullo de vivir en un país donde, si no te gusta el plato principal, siempre hay seis alternativas deliciosas esperando para conquistar tu corazón. ¡Buen provecho y feliz feriado!

Lo Último