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El apoyo al feminismo entre jóvenes en España cae al 38,4% y casi la mitad lo percibe como herramienta política, según estudio

El último Barómetro de Juventud y Género 2025 muestra una caída en la identificación con el feminismo entre jóvenes en España. Sin embargo, lejos de significar un rechazo a la igualdad, el estudio revela matices: el apoyo a los derechos de las mujeres y el rechazo a la violencia de género continúan siendo mayoritarios.

Miles de mujeres durante una manifestación convocada por la Comisión 8M, por el 8M, Día Internacional de la Mujer, a 8 de marzo de marzo de 2023, en Madrid (España). El Día Internacional de la Mujer vuelve a visibilizar la división del feminismo en Fernando Sánchez - Europa Press

El Barómetro Juventud y Género 2025, elaborado por la organización Fad Juventud, ofrece una radiografía detallada. El estudio, basado en una encuesta a más de 3.300 jóvenes de entre 15 y 29 años en toda España, revela que el 38,4% se identifica como feminista, una cifra que representa casi 12 puntos menos respecto al pico registrado en 2021, cuando el apoyo alcanzó el 49,9%.

El dato es relevante. Sí, existe una caída estadística en la identificación con la etiqueta “feminista”. Pero el panorama es más complejo que un simple descenso.

La palabra, el movimiento y la política

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que cerca del 49% de los jóvenes considera que el feminismo se ha convertido en una herramienta de manipulación política. Esta percepción no necesariamente implica rechazo a la igualdad, sino que refleja una sensación de politización del término.

La investigación señala que muchos jóvenes distinguen entre los principios de igualdad y el uso partidista del discurso. Para una parte de ellos, el feminismo ha dejado de ser visto exclusivamente como un movimiento social amplio y se asocia más con debates ideológicos o disputas políticas concretas.


Este fenómeno se enmarca en un contexto de polarización creciente en redes sociales y medios de comunicación, donde las etiquetas se convierten, con frecuencia, en trincheras.

Igualdad sí, etiqueta en debate

Aquí aparece el matiz más importante: aunque disminuye la identificación con la palabra “feminismo”, la mayoría de jóvenes sigue apoyando medidas vinculadas a la igualdad de género.

El barómetro evidencia que amplios sectores juveniles reconocen la existencia de desigualdades, respaldan el derecho a una vida libre de violencia y consideran necesario promover oportunidades equitativas entre mujeres y hombres. Es decir, el respaldo a la igualdad no desaparece; lo que cambia es la relación emocional y simbólica con el término.

Además, el estudio muestra diferencias de género claras: las mujeres jóvenes siguen identificándose en mayor proporción como feministas que los hombres, aunque en ambos casos se observa un descenso respecto a años anteriores.

Una generación crítica y redefinidora

Lejos de interpretarse únicamente como un retroceso, los datos pueden leerse también como un síntoma de transformación. Las nuevas generaciones tienden a cuestionar etiquetas, a reinterpretar conceptos y a demandar coherencia entre discurso y práctica.

Para algunos jóvenes, la palabra feminismo representa lucha histórica y conquistas sociales; para otros, simboliza confrontación o polarización. Esa diversidad de percepciones convive en una misma generación hiperconectada, expuesta a múltiples narrativas y debates constantes.

El estudio de Fad Juventud no habla de un abandono masivo de la igualdad, sino de un escenario donde el significado del feminismo está siendo disputado, redefinido y debatido.

Contexto histórico: del auge a la revisión

En la última década, España vivió movilizaciones feministas masivas, especialmente en torno al 8 de marzo, que marcaron récords de participación. Entre 2018 y 2021, el apoyo juvenil alcanzó niveles históricos.

El descenso actual puede responder a múltiples factores: desgaste discursivo, saturación mediática, tensiones políticas, o simplemente una etapa de revisión crítica por parte de una generación que no vivió directamente las luchas fundacionales del movimiento.

Lo cierto es que los procesos sociales rara vez son lineales. Suben, bajan, se transforman. Y eso también es parte de la evolución democrática.

¿Qué significa esto para el futuro?

Más que hablar de “desplome”, quizás el término más adecuado sea “reconfiguración”. El feminismo —como cualquier movimiento social— atraviesa fases de expansión, cuestionamiento y adaptación.

La juventud española no parece estar rechazando la igualdad. Está debatiendo cómo nombrarla, cómo defenderla y cómo desvincularla —o no— de la política partidista.

El desafío está en reconstruir puentes: comunicar sin polarizar, dialogar sin descalificar y entender que detrás de las cifras hay jóvenes que siguen preocupándose por la justicia social, aunque no todos usen la misma palabra para expresarlo.

En definitiva, el Barómetro Juventud y Género 2025 no anuncia el fin del feminismo en España. Más bien abre una conversación necesaria sobre identidad, lenguaje y el modo en que las nuevas generaciones se relacionan con los movimientos sociales.

Porque si algo queda claro es que el debate está vivo. Y cuando una sociedad debate, también evoluciona.

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