La abuela me enseñó que la comida es una forma de mostrar amor sin palabras

Mi abuela siempre ha tenido la razón

Una abuela siempre será una guía de vida, una sabia consejera capaz de hacerte sonreír cuando sientes que el mundo se derrumba a tu alrededor. Ella es un ejemplo de fortaleza que te vio nacer y crecer y quien se convirtió en tu cómplice de travesuras.

En estos tiempos en los que vivimos tan apresuradas y preocupadas por todo, me gusta recordar las lecciones de vida que me dio la abuela porque de una u otra forma, me dan el respiro que tanto necesito.

Una de esas lecciones las aprendí fue en la cocina, mientras la veía mezclar con amor los ingredientes de su famoso caldo de pollo.

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Hay algo sorprendente sobre el vínculo entre una abuela y una nieta. Aunque la brecha de edad parezca enorme, es como si tuviesen el mismo corazón.

La abuela siempre me consintió con mis platillos favoritos. Cuando me sentía triste o enferma, ella sabía que el remedio estaba en un banquete preparado por ella. Quizá nada sustituya el efecto de un medicamento pero el amor que ella le inyectaba a su comida, hacía magia en mi alma. 

cocinar

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De ella aprendí que quienes aman cocinar tienen un superpoder:  son capaces de expresar amor sin necesidad de palabras. 

La comida es una forma de dar amor. Aún cuando es una ciencia más compleja de lo que se cree, cocinar es más que sólo seguir una receta y mezclar ingredientes en un tazón. Cuando realmente disfrutas hacerlo, se convierte en un arma poderosa. 

Y es que dar a los demás nos llena el alma de muchas maneras, especialmente cuando es a través de un delicioso platillo preparado con amor. No importa qué tan elaborados o simples sean, cocinar es un acto de amor.

La abuela nunca compartió sus secretos con nadie pero sin duda, me enseñó que la cocina requiere de esfuerzo pero también de corazón. Para algunos esto podrá no hacer mucho sentido pero a mí me dio una perspectiva diferente de la vida, basada en el amor que le inyectas a lo que haces. 

De la abuela aprendí que hay una satisfacción única en compartir tus platillos con otros y ver cómo disfrutan de cada bocado. Haces que se sientan amados y protegidos, sin tener que expresarlo con palabras. 

 

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