Perú: tradición, historia y color

Perú es un destino multifacético, con ciudades y lugares para todos los gustos.

El rastro que ha dejado el Imperio Inca y el evidente fervor católico que se respira en las ciudades genera una sensación de misticismo. Pero también la vista al Mar Pacífico desde la ciudad de Lima, la majestuosidad del Valle Sagrado de los Incas y la imponente ciudad de Machu Picchu te inspirarán a emprender un viaje para encontrarte contigo misma.

Sin discusión alguna, otras de las razones para visitar Perú es disfrutar de su gastronomía. Pasearse por un mercado tradicional es un deleite para los sentidos, especialmente la vista, el olfato y el gusto. En la zona es posible visitar reconocidos restaurantes y probar platos preparados por destacados chefs que han sabido aprovechar los alimentos que surgen de estas tierras para hacer diferentes fusiones.

Sus colores vibrantes te atraparán. Es imposible regresar a casa sin haber comprado alguno de los elaborados tejidos que se encuentran en los mercados, ya sea un camino de mesa, una alfombra o unos cojines; la belleza de los bordados te convencerá de hacer lugar en tu maleta. Las artesanías son tan variadas, que elegir qué comprar será una ardua labor, por lo cual es recomendable que esperes a visitar varios pueblos para comprar, pues en cada uno encontrarás artesanías que te encantarán.

Lima, una ciudad de contrastes

Probablemente lo primero que llama la atención de la capital peruana es su micro clima, que combina una ausencia de lluvia con un altísimo nivel de humedad en el aire. Los cielos suelen estar nublados, pero tanto lugareños como visitantes aprenden a encariñarse con este particular clima.

En oposición a este techo grisáceo que cubre la ciudad, sus calles y parques están llenos de color y se pueden encontrar hermosos jardines como los del Parque Kennedy, ubicado en el distrito de Miraflores (al suroeste de Lima).

Este barrio, precisamente, es recomendado para el hospedaje por su belleza y cercanía a distintos puntos de interés. Por ejemplo, el moderno hotel Aloft Lima Miraflores está situado aquí, rodeado de una gran variedad de restaurantes y cafés con distintos tipos de comida. Además, está a 10 minutos de camino desde el popular centro comercial LarcoMar y del Malecón de Miraflores, desde donde se pueden ver sus vibrantes atardeceres.

Para los amantes del arte y la movida cultural, un día normal puede incluir el recorrido por Barranco, (el barrio bohemio de Lima cerca de Miraflores), una visita al imperdible Museo de Arte Contemporáneo y un paseo por las tiendas de artistas independientes. Y para cerrar con broche de oro, nada mejor que llegar a relajarse en la piscina del hotel con una bebida refrescante.

En Lima tampoco puedes dejar de visitar el centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, un área de plazas señoriales, casonas coloniales, delicados balcones de madera y decenas de monumentos históricos.

En la Plaza Mayor, considerada una de las más hermosas de Latinoamérica, podrás tomarte fotos con las cholas, mujeres indígenas vestidas con sus trajes típicos, que siempre andan con sus alpacas, animales nativos de Perú.

Allí mismo es posible visitar catedrales y conventos que son una joya de la arquitectura barroca limeña, y, por supuesto, caminar por el Pasaje de José Olaya donde encontrarás numerosos restaurantes de cocina típica, en la cual son protagonistas las exquisitas recetas con mariscos.

Cusco, la capital del Imperio Inca

Pasar de la costa al interior del país, atravesando la cordillera de Los Andes y sus nevados, le da un toque mágico al viaje. Los mismos pobladores de Cusco, capital arqueológica del mundo, consideran que su ciudad tiene una vibra especial que se puede sentir en cada una de sus calles.

En Cusco hay ruinas del Imperio Inca por doquier. Lo primero que llama la atención son las enormes catedrales y conventos católicos erigidos sobre lo que fueron importantes templos incas. Prueba de ello es Coricancha, uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Coricancha significa “templo de oro” en la lengua de los incas, el quechua, y fue una construcción muy importante para esta civilización, edificada en la capital del imperio. Como su nombre lo indica, estaba repleto de oro. Con la llegada de los españoles el templo fue saqueado y destruido, y sobre sus cimientos se construyó la Iglesia y Convento de Santo Domingo.

Otra parada en Cusco es la Plaza de Armas y sus alrededores, copados de tiendas de artesanías. Camino a la famosa piedra de los 12 ángulos –la cual ha sorprendido a los arqueólogos desde su descubrimiento, ya que es una muestra del perfeccionismo e ingenio de la arquitectura inca–, se encuentra el barrio San Blas, atravesado por la calle de los artesanos, donde encontrará piezas únicas para todos los presupuestos.

De hecho, el mejor lugar para hospedarse en Cusco es cerca de esta zona, como ocurre con el Templo del Inca, un hotel Marriot que tiene el sello Luxury Collection, uno de los más prestigiosos en su categoría. Se trata de un antiguo claustro que es patrimonio histórico de Cusco, y que formaba parte del templo Coricancha o Templo del Sol, así como de una de las residencias más reconocidas del Perú colonial, la Casona de los Cuatro Bustos. Además, el hotel es célebre por sus restaurantes, y su zona de spa, ideal para recargarse de energía luego de las caminatas del día.

Valle Sagrado y Machu Picchu, joya arqueológica de la humanidad

Muchos turistas suelen pensar que Machu Pichu está cerca de Cusco. Sin embargo, desde dicha ciudad hasta las ruinas hay todavía un largo camino en el que hay que atravesar el imponente Valle Sagrado de los Incas.

Por esta razón, muchos pasan una noche en Ollantaytambo, punto central entre Cusco y Machu Pichu. Este pueblo está lleno de vestigios de pueblos incas, más pequeños que los de Machu Picchu, pero no menos interesantes. El paisaje, enmarcado por las inmensas montañas de Los Andes también invitan a la contemplación.

Precisamente en el corazón del valle se encuentra situado el Resort y spa Tambo del Inka, el único hotel con una estación de tren privada, a una altitud más baja para aclimatarse.  Este es un punto ideal de partida para el viaje a Machu Picchu, a donde la mejor opción de llegada es en tren. De este modo, el viaje tarda alrededor de cinco horas. Algunos trenes como el Vista Dome tienen techo de vidrio para apreciar el paisaje. La estación final del viaje es en Aguas Calientes, el pueblo más cercano a Machu Picchu, desde donde se emprende en bus el trayecto en ascenso hacia las montañas. El recorrido también se puede hacer caminando, pero es mejor ahorrar tiempo y energía, pues el recorrido en las ruinas es de tres horas en promedio. Para ingresar hay que tener en cuenta que hay dos turnos de entrada, uno a las 6:00 a.m y otro a las 12:00 p.m. También hay que cerciorarse de que haya cupos disponibles, pues hay un número limitado de turistas que pueden visitar las ruinas por día, que son visitadas por al menos 3.300 personas en cada jornada. Superado esto, cuando las ruinas empiecen a asomarse entre las montañas la emoción te robará el aliento. La ciudad inca está rodeada de templos, andenes y canales de agua, construida en lo más alto de una montaña. Fue edificada con grandes bloques de piedra unidas entre sí, sin amalgamar. Actualmente es considerada patrimonio cultural de la humanidad al ser reconocida como importante centro político, religioso y administrativo de la época incaica. Con cada paso se descubren sorprendentes lugares y el espíritu se va recargando con el encanto de la naturaleza, y, quizás, por la carga ceremonial que tiene este lugar. Estando aquí, es evidente por qué los incas eligieron este mágico rincón del mundo para construir sus santuarios y estudiar los fenómenos del cosmos.