Entre Darwin y Lamarck, un naturalista como los de antes

Visitamos las obras del nuevo edificio del Museo de Historia Natural de San Antonio junto a su director, un naturalista a la antigua, una especie única en extinción.

José Luis Brito es un ser extraño, casi un mamífero en extinción. Una suerte de punto intermedio entre los animales que logra salvar en el centro de rescate de San Antonio y los ya extintos que estudia en el Museo de Historia Natural e Histórico de la ciudad portuaria (Musa).

Y parece que estuvo destinado a vivir entre animales. Según sus palabras, nació con apenas siete meses luego del susto de su madre al ver una culebra de cola larga. También según sus palabras, habría sido alimentado por una perrita que había en la casa durante casi seis meses. “Yo era su cachorro”, nos explica mientras conduce su camioneta hacia el terreno donde se construye el nuevo edificio del Musa.

Se autodefine como naturalista, pero muchos le han dicho “loquito” o “ecólogo”, sobre todo en los primeros días cuando vivía en la caleta de pescadores y disfrutaba viendo a los tiburones, delfines y peces que llegaban o bien cuando se aburría en el colegio y sólo quería ir al muelle a ver qué animales estaban llegando y así él podía dibujarlos.

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Foto: Luis Araujo.

“Le preguntaba a mis profesores cómo se llamaban y nadie sabía, así que empecé a dibujar y armar mis propios libros…Me defino como un naturalista, hoy los naturalistas somos personajes raros porque existen especialistas en cada tema. Desde pequeño me guié por Darwin, Lamarck y los naturalistas chilenos”, cuenta.

Los viajes al Museo de Historia Natural de Santiago y a la Biblioteca Nacional se convirtieron en sus principales pasatiempos, casi un anticipo de lo que vendría más tarde cuando en 1987 comenzó a trabajar en el museo de San Antonio. Seis años después se convirtió en director del recinto y hace quince años tuvo el sueño de construir un nuevo edificio para el establecimiento.

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Foto: Luis Araujo.

“Quería impulsar aquí un proyecto de museo en mi ciudad, donde nací, para que algún día esto sea grande y San Antonio sea conocido, no sólo por el puerto…Nace de la rebeldía de querer crear algo acá, en provincia y decir que desde provincia también se puede”, afirma orgulloso.

“Visitemos los museos, no los centros comerciales”

Estamos en la zona donde se construye el nuevo edificio del Musa. Es una suerte de loma con una vista privilegiada que permite apreciar el humedal y la desembocadura del Río Maipo. A escasos metros, un grupo de hombres desempeña distintas labores en el recinto. No podemos ingresar, pues aún las obras no han sido entregadas, sin embargo, esto no es obstáculo para comprobar toda la magnitud del innmueble.

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Foto: Luis Araujo.

Además del centro de rescate, el museo contará con un bioparque que servirá como refugio de vida silvestre; también habrán juegos para niños y un área dedicada a la historia naval de San Antonio. Precisamente, la estrecha relación de esta ciudad con el mar es uno de los aspectos que el Musa pretende resaltar.

“El guión museográfico de este museo moderno cuenta la historia del comienzo del universo, pero aterriza aquí en la formación tectónica de esta zona, en la morfología costera, en el cañón submarino, en los nativos que vivieron en este lugar asociado al humedal costero; a las quebradas y su fauna nativa y cómo se desarrollan estos puebleríos hasta crear el puerto de San Antonio; los problemas ambientales, la pesca, y el gran mar porque somos un museo costero y ésa es la gran diferencia con otros museos de historia natural del país”.

En poco tiempo las obras deberán ser entregadas a la administración del museo. Luego de eso,vendrá un largo período para trasladar las piezas y muestras desde donde reposan actualmente hasta su hogar definitivo, es un trabajo arduo que tomará casi un año. Así, el nuevo y flamante edificio del Museo de Historia Natural e Histórico de San Antonio podrá volver a abrir sus puertas a fines del 2017 o comienzos de 2018.

Por lo mismo, José Luis está ansioso. Mira constantemente la construcción y enseña cada sala con orgullo. Sabe que falta poco tiempo, pero también mucho trabajo.

“El entendimiento de nuestra vida silvestre, de nuestra historia, de cómo nos forjamos, nos hace mejores personas para hacer crecer y sustentar un país, de otra manera estamos perdidos, y aunque vamos a vivir buenas vidas, van a ser mezquinas, para adentro donde no nos importa el resto y menos la naturaleza y ese patrimonio natural, el que destruimos todos los días a veces sin conocimiento “.

Nos despedimos del edificio y lo dejamos cuidando el humedal y la desembocadura del Río Maipo, así como toda la rica biodiversidad que habita en aquel lugar. Rumbo a la camioneta de José Luis, un hombre frena su auto y le pregunta cuándo va a estar listo el nuevo museo. “Falta poco”, obtiene como respuesta. En el vehículo, el naturalista acelera porque debe ayudar a rescatar una gaviota herida cerca del puerto. Es una urgencia, el tiempo apremia, pero este sanantonino siempre frena o desacelera preocupado de que algún animal pueda cruzarse en el camino. Balbucea algunas palabras que apenas él oye, como si le hablara a los animales y quisiera avisarles que no se atraviesen. Un ser extraño, sin duda.