La tierra no pertenece al hombre [Ser Consciente]

Somos hermanos de la naturaleza. Hasta que no lo reconozcamos, estamos perdidos.

Desde pequeña he creído que la Tierra y todos los seres que la habitamos somos hermanos. Una idea que me llevó a identificarme con los pueblos originarios y sus creencias, aquellos que todavía viven en contacto con la naturaleza, defendiendo los ríos, los manantiales y sus sitios sagrados — por lo regular, ubicados en zonas patrimonio natural.

Esos pueblos que piden ser escuchados en la toma de decisiones que afecten a su comunidad, a la naturaleza, a la Tierra, a todos. Convocan a toda la humanidad a unirse en oración por la sanación y la purificación del agua, reforzando nuestro compromiso con su cuidado. Estas ideas no son nuevas, han estado presente desde hace mucho tiempo atrás.

En 1854, el Presidente de los Estados Unidos de América Franklin Pierce hizo una oferta a la tribú Duwamish, los habitantes originales de Seattle; Pierce pedía una gran extensión de sus tierras a cambio de crear una reserva para este pueblo originario. En respuesta, el jefe indio Seattle le envió una carta al “gran jefe de Washington”, considerada el más profundo manifiesto a favor de la defensa del medio ambiente.

Entonces, ¿hasta cuándo dejaremos de ponerle precio a la tierra que no nos pertenece?,  ¿hasta cuando la trataremos como desperdicio?, ¿hasta cuándo contaminaremos el agua de da la vida a todos los reinos naturales, la sangre de nuestros antepasados?, ¿por qué traficar con los animales, por qué explotarlos y ponerles precio? Como pregunta Gary Yourofsky, activista vegano, ¿cuándo dejarán los humanos de poseer y controlar a seres vivos?

No lo podemos negar, ¡estamos conectados a la tierra! En la actualidad ya vemos el reflejo de los daños que causamos a la Tierra en nosotros mismos:  la contaminación en China, los lagos contaminados sin alimento que ofrecer, la tierra que ya no puede producir o el agua contaminada que produce enfermedades crónicas, el fraking que daña a la tierra y contamina todo a su paso.

Debemos acabar con esa programación generacional y regresar a lo básico; alejarnos un poco del Mundo Moderno y estar cada vez más en contacto de la naturaleza. Si no cambiamos nuestros hábitos pronto, la vida seguirá decayendo. Como concluye el Gran Jefe Seattle,

Así se acaba la vida y sólo nos queda el recurso de intentar sobrevivir.