Cuando la producción del metal rojo es “verde”

Los primeros cinco lugares de países productores de cobre, según el British Geological Survey, son Chile, stados Unidos, Perú, China y Australia.

El cobre es uno de los metales más versátiles y el tercero más usado a nivel mundial y podemos encontrarlo en elementos tan cotidianos como cables eléctricos, motores, tuberías e incluso joyas y monedas, por lo que se presenta como una materia prima de alta demanda internacionalmente. Los primeros cinco lugares de países productores de cobre, según el British Geological Survey, son Chile, stados Unidos, Perú, China y Australia, sin embargo, una gran cantidad de Estados mantienen una industria minera alrededor de la extracción de cobre.

Desde la aparición de la frase “desarrollo sustentable” en los anos ’80 en el Informe Brundtland de la ONU, su concepto ha estado intrínsecamente ligado a la minería y a la manera de hacer perdurar los recursos agotables para generaciones futuras; la producción de cobre no escapa a esta idea, sobre todo si pensamos en la alta demanda que países como China -quien consume un 40% de todo el cobre extraído a nivel mundial- tienen alrededor de esta materia prima; que tan un solo automóvil posee alrededor de 22Kgs. de cobre y que el sobreprecio que los negocios futuros de cobre a través de los contratos por diferencia ha creado, conllevando a mayores niveles de extracción en el año 2013.

Sin embargo, la producción del cobre tiene el potencial de promover el desarrollo sustentable en varias áreas. En el plano ambiental, el cobre en sí mismo, al contrario de otras materias primas como el petróleo y los biocombustibles, tiene una característica que lo hace “verde” desde el punto de vista de la sustentabilidad: la posibilidad de ser reciclado infinitamente sin que pierda su calidad, de ahí que no lo veamos regularmente en vertederos de basura. De acuerdo con la Asociación Internacional del Cobre, alrededor de un 80% del cobre extraído hasta la actualidad continúa siendo utilizado hoy en día y su reciclaje conforma una industria por su propia cuenta. Por otro lado, en el reciclaje del cobre se usa tan solo un 15% de energía comparado con la producción en minas, esto de acuerdo con la Copper Development Association.

En el plano económico, la producción de cobre representa una industria esencial, sobre todo para pequeños países como Zambia o Myanmar, representando una fuente importante de puestos de trabajo. Por otro lado, el reciclaje de cobre simboliza un beneficio económico importante, ya que el cobre reciclado llega a alcanzar un 90% del costo original. Si nos trasladamos al plano social, el cobre posee cualidades antibacteriales que permiten, por ejemplo, controlar brotes de E. Coli y es, además, un micronutriente esencial para plantas y animales.

Por último, la producción de cobre permite construir edificaciones ecológicamente sustentables y es un elemento básico en la generación y trasmisión de energía verde; por ejemplo, en la construcción de las turbinas de torres de energía eólica.

Pero incluso en este escenario una sustentabilidad “material” necesita ser alcanzada, debido a que es al fin y al cabo un recurso agotable y el crecimiento de la población a nivel mundial constituye nuevas alzas en la demanda.

La producción de cobre se hace en minas abiertas lo que obviamente trae consigo un impacto ambiental negativo, de ahí que en muchas ocasiones poblaciones locales se opongan, incluso mediante protestas violentas, a la extracción de este metal en sus respectivas localidades y no den la “licencia social” para su producción. En el proceso de refinación, gases como CO2 y polvo se liberan en el ambiente y muchos trabajadores, sobre todo en países pobres, sufren violaciones de Derechos Humanos constantes; de ahí que alcanzar un desarrollo sustentable en esta materia continua siendo un reto.

Afortunadamente, muchas empresas trasnacionales han aceptado su responsabilidad empresarial en esta época de globalización y han modernizado sus labores de producción de cobre a través de la implementación de nuevas tecnologías para conservar recursos, extender la vida de las minas y atender las necesidades de los trabajadores. Hoy más que nunca, las grandes potencias mundiales prefieren hacer negocios con empresas que inviertan en el desarrollo sustentable, e incluso países como China, a quien se le acusa de dirigir procesos de producción de manera poco ética en otros Estados, han comenzado a cambiar su actitud.