Salvando al elefante asiático

Durante más de una década, diversas organizaciones se han encargado de proteger a los elefantes del maltrato y explotación al que son sometidos por los humanos, en particular los relacionados con la industria maderera.

Elephant Nature Foundation trabaja con voluntarios en la conservación y cuidado de elefantes asiáticos en lejanas aldeas de Tailandia.

Durante más de una década, diversas organizaciones se han encargado de proteger a los elefantes del maltrato y explotación al que son sometidos por los humanos, en particular los relacionados con la industria maderera.

Sangduen “Lek” Chailert, conocida como la reina elefante de Tailandia, fundó Elephant Nature Foundation como una forma de proteger y rescatar a los elefantes de la provincia de Chiang Mai (norte de Tailandia). En este santuario, paquidermos de todo el país pueden recibir asistencia médica y cuidados.

Chailert señaló en una entrevista a CNN Earth que “cuando vi por primera vez a elefantes jalando troncos en la selva, cambió mi vida. Vi la mirada de sus ojos y el dolor que sentían. No podía sacarlo de mi cabeza y me hizo darme cuenta de que necesitaba ir y hacer algo por ellos”.

Para lograr su cometido fundó Jumbo Express, un proyecto que reúne grupos de voluntarios que viajan a las aldeas remotas de Tailandia y ofrecen atención veterinaria de emergencia a animales heridos, pero por sobre todo, a los elefantes asiáticos, en grave peligro de extinción. Los voluntarios también trabajan en la educación de la población local, para que ellos puedan cuidar de los animales una vez que el proyecto en la zona haya concluido.

Chailert finaliza: “Cuando subimos, tomamos la decisión de educar a los aldeanos sobre cómo cuidar a los elefantes con el mismo amor que le muestran a sus propias familias y les pedimos su cooperación para admirar al animal”.

Puedes visitar el sitio oficial de la fundación y aprender más sobre esta idea y las formas de colaborar en Elephant Nature Foundation .

Fuente: Voluntarios atienden a elefantes heridos en aldeas remotas de Tailandia (El Comercio)