Estilo de Vida

Cambio de Ritmo

Columna de Daniela Droz

Muchas fueron las veces que en medio de tantos proyectos y trabajo pedía tiempo para mí, tiempo para descansar, disfrutar de mi hijo, hacer tareas cotidianas del hogar, poner la casa al día, perfeccionar mis dotes culinarios, pasear, levantarme sin ajoro… y de repente aquí estoy… con tiempo… con bastante tiempo. Pero lo irónico de todo esto es lo duro que se me ha hecho adaptarme a la realidad de que puedo utilizar mi tiempo como yo quiera.

Acostumbrada toda mi vida a trabajar, a producir, a andar ajorada, a no tener tiempo para NADA, pues entonces creo es “normal” que mi proceso de adaptación no sea fácil.

Analizando cada día de mi vida (la cual intento vivir un día a la vez) he reconocido que, ciertamente, cada día trae su propio afán y que después de tantos años de mucho trabajo, esfuerzo, sacrificios y ajoro, definitivamente merezco este tiempo para mí. Aun en medio de tantas dificultades, intento buscar lo bonito del proceso, lo que me hace crecer, lo que me edifique.

Ha sido hermoso estar más cerca de mi familia, poder apoyarlos y ayudarlos, mantener mi mente ocupada pendiente a que estén bien. Pensar qué es lo que voy a cocinar hoy, qué falta por resolver y cómo continúo dando la mano a otros en la medida que pueda, sin anunciarlo mucho, sin andar gritando lo que hice o dejé de hacer, sin recurrir a la queja de “yo ayudo, pero quién me ayuda a mí”. Este tiempo para mí me ha enseñado, entre tantas cosas, que hay que meterle mano a lo que venga, recibir con amor la mano que se extienda, pero que eso no limite mis ganas de dar de lo que Dios me ha dado.

Como todos, como madre soltera y como mujer emprendedora necesito trabajar, pero mientras, voy descubriendo las oportunidades que Dios tiene para mí. Continúo mi recorrido por esta etapa de tranquilidad en medio de la tormenta, porque mi fe es mas fuerte que mis miedos, porque lo que me rodea hoy no necesariamente define mi futuro. Pedí tiempo y aquí lo tengo. Esto evidencia que lo que anhelas tal vez llega en el momento más extraño, pero de que llega… llega.