Cuando la pelota empiece a rodar en el Mundial 2026 de Estados Unidos, México y Canadá, el planeta entero se detendrá frente a las pantallas. Se hablará de tácticas, de las estrellas del momento, de estadios futuristas y de las nuevas tecnologías del arbitraje.
Sin embargo, en los rincones de la cultura deportiva y las redes sociales de habla hispana, hay un dato que brilla con luz propia y que desafía las leyes del tiempo: la legendaria conductora y actriz argentina, Mirtha Legrand, está por vivir su Copa del Mundo número 23.
No se trata de una metáfora ni de una exageración publicitaria. Científica, cronológica y matemáticamente, “La Chiqui” es la figura pública mundial que ha sido testigo presencial y contemporánea de absolutamente todas las ediciones de la máxima cita del balompié, desde su mismísimo nacimiento en 1930 hasta la hipertecnológica versión actual.
El origen de una leyenda: ¿Quién es Mirtha Legrand?
Para dimensionar este récord, es indispensable entender quién es esta mujer que parece haberle ganado la carrera al tiempo. Nacida el 23 de febrero de 1927 en Villa Cañás, una pequeña localidad de la provincia de Santa Fe, Argentina, bajo el nombre de Rosa María Juana Martínez Suárez, Mirtha es el sinónimo viviente del espectáculo en español.
Debutó en el cine dorado de la década de 1940, convirtiéndose rápidamente en la actriz joven más cotizada del continente gracias a sus comedias románticas. Pero su verdadero hito llegó en 1968 con sus ya míticos “Almorzando con Mirtha Legrand”. Un formato televisivo donde la política, el arte, la ciencia y el deporte se sientan a discutir cara a cara frente a un plato gourmet.
Con más de 55 años al aire, ostenta el récord mundial del programa de entrevistas con mayor permanencia en la televisión, conducido por la misma persona. Hoy, a sus impecables 99 años, sigue activa, lúcida y marcando la agenda cultural de la región.
La matemática perfecta de un hito mundial
¿Cómo se llega a vivir 23 Mundiales si apenas han pasado 96 años desde el primero? La respuesta está en una pausa histórica de la FIFA. Cuando el balón rodó por primera vez en Uruguay 1930, una pequeña Mirtha tenía apenas tres años. Escuchaba, quizás sin entender del todo, la emoción de los adultos que sintonizaban las radios de tubos de la época para seguir los goles del argentino Guillermo Stábile o del uruguayo Héctor Castro.
Desde entonces, el torneo se disputó cada cuatro años con una sola gran interrupción: las ediciones de 1942 y 1946 se cancelaron debido a los devastadores conflictos de la Segunda Guerra Mundial. Por este motivo, aunque cronológicamente el tiempo avanza de largo, el contador oficial de la FIFA se detuvo. Así, la cita de este 2026 marca, con total exactitud, el Mundial número 23 de la historia del fútbol. Y Mirtha ha estado aquí para verlos todos.
Una vida cruzada por la pasión del fútbol
Atravesar 23 mundiales significa haber visto la metamorfosis completa de la sociedad y del deporte rey. Mirtha Legrand creció viendo el fútbol de las camisetas de algodón pesado y las pelotas de cuero con tiento que lastimaban la cabeza. Fue testigo del nacimiento del mito de Pelé en Suecia 58, de la amargura y posterior gloria del fútbol argentino.
“La Chiqui” vibró con la primera estrella de Argentina en 1978 en su propio país; aplaudió de pie la obra de arte y la rebeldía de Diego Armando Maradona en México 1986; y, cuando muchos pensaban que la historia ya lo había visto todo, celebró con emoción desbordada la tercera corona de la mano de Lionel Messi en el icónico Qatar 2022.
Su figura está tan unida a la identidad popular que, en las semanas previas al torneo actual, revolucionó las redes sociales protagonizando un aclamado comercial junto al director técnico de la Selección Argentina, Lionel Scaloni. En el video, en una mesa que emula sus tradicionales almuerzos, Mirtha le da consejos al estratega sobre la lista de convocados, bajo la premisa de que “nadie entiende más de procesos históricos que ella”.
Mirtha Legrand no es solo una estrella de la televisión; es un archivo vivo de la humanidad. Mientras el mundo se prepara para gritar los goles de un nuevo torneo, ella se sienta frente a la pantalla lista para tachar otra página en su bitácora personal. Una bitácora que, para orgullo de la cultura latinoamericana, es tan eterna como el fútbol mismo.
