El nuevo sencillo de Brenda, titulado “PENA”, no es solo una canción, es una experiencia emocional que se siente desde la primera nota. La artista ecuatoriana transforma el dolor en arte, ofreciendo una pieza íntima que nace de un momento personal, donde la voz se convierte en refugio y canal de sanación.
La propia Brenda lo confirma en sus redes sociales, mencionando que esta es, probablemente, la canción más personal que ha escrito hasta ahora. En ella, el dolor y la tristeza encuentran una forma de resignificarse, de convertirse en canto y en ofrenda emocional. No es una historia que busca explicarse, sino sentirse.
Raíces andinas que laten con fuerza
Uno de los elementos más potentes de “PENA” es su identidad sonora. La canción está construida a ritmo de yumbo, un pulso tradicional que conecta con las raíces andinas del Ecuador. Esta base rítmica se complementa con instrumentos como el charango, el bandolín y la percusión andina, creando una atmósfera envolvente y profundamente simbólica.
La inspiración en el Chimborazo no es casual, ya que la artista recoge la fuerza, la energía y el misticismo de esta montaña para trasladarlos a su música. El resultado es un puente entre lo ancestral y lo contemporáneo, donde las sonoridades tradicionales dialogan con una sensibilidad moderna.

Un proceso colectivo lleno de sensibilidad
Detrás de “PENA” hay un equipo artístico que aportó distintas capas emocionales y técnicas a la canción. Carlos Jácome estuvo a cargo de la co-producción musical, además del bajo, guitarra y mezcla. Por su parte, Alex Paza aportó con la instrumentación andina, impregnando el tema de una fuerza que conecta con la cosmovisión puruhá.
La masterización estuvo en manos de Nicolás Aráuz, quien acompañó el proceso con una guía técnica clave. Este trabajo colaborativo se convierte en una muestra de cómo la música también es encuentro, comunidad y construcción colectiva.

Una imagen que también canta
El videoclip de “PENA”, grabado en Guayaquil, complementa la experiencia sonora con una propuesta visual sobria y simbólica. En él, el cuerpo, la luz y el silencio dialogan con la emoción de la canción, creando un lenguaje visual que no explica, sino que acompaña el proceso emocional.
La fotografía y edición fueron realizadas por Kath Guerrero, quien retrata a la artista desde una mirada íntima y sensible. El retoque y diseño estuvieron a cargo del artista Apitatán, quien añade una capa estética fundamental. En este sentido, el uso del color azul y la presencia del agua no son elementos decorativos, están ahí para simbolizar la fluidez de las emociones, el tránsito de la pena y la capacidad de transformación interna.

Un lanzamiento cargado de significado
Brenda decidió lanzar “PENA” en una fecha muy especial, su cumpleaños. Este gesto refuerza el carácter personal de la canción, que se presenta como una ofrenda emocional tanto para ella como para su audiencia.
Además, el proyecto contó con el apoyo de la Sociedad de Autores y Compositores del Ecuador (SAYCE), como parte del Programa de Incentivos a la Música en su sexta edición, lo que resalta la importancia de impulsar propuestas artísticas que conectan identidad, territorio y emoción.
Cuando la música sana
Frases como “Las desdichas que este amor un día me dejó y se fue” o “Me ha dejado abandonada, sola y triste una y otra vez” reflejan la profundidad emocional de la canción. Sin embargo, lejos de quedarse en el dolor, “PENA” propone una transformación, en la que la herida se convierte en canto, y el canto en una forma de sanar.
Con este lanzamiento, Brenda consolida una propuesta artística que no evade la emoción, sino que la abraza. Una voz que se atreve a exponerse y que, en ese acto, logra conectar con quienes han atravesado experiencias similares.
