La última versión de ‘Supermán’ conmovía por poner la bondad ante todo. Kal- el se negaba a seguir las instrucciones de sus padres, que le pedían invadir la Tierra, ponía recuerdos de sus padres terrestres y con ayuda del perro de su prima mostraba que la verdadera revolución era ser “amable”.
Un grito desesperado, un gesto ante la oscuridad y el cinismo que ha existido en las producciones de superhéroes en los últimos años y en donde incluso los villanos tenían historias más interesantes y profundas que ellos (como el caso de Loki y su cierre conmovedor y perfecto de la mano de Tom Hiddleston en su serie de Disney, por ejemplo, o la primera parte del ‘Joker’ que le dio el Oscar a Joaquin Phoenix).
Además, de una serie que trastocó- y de manera deliciosamente ácida y brillante- el mito del superhéroe para siempre: ‘The Boys’, que hizo añicos desde 2019 todo lo que ese arquetipo podía encarnar de la mano de Homelander vs. The Boys, que viven en un universo donde los universos corporativos y políticos, parodia de todas estas compañías creadoras de historias y productos, pesan más que los ideales.
Homelander - interpretado brillantemente por Antony Starr, y a quien le han robado en los Emmys varias veces - es esa versión maligna, corrupta y degenerada de lo que Superman es. Es como una combinación entre el Joffrey Baratheon de ‘Juego de Tronos’, pero con los poderes de un Gokú de ‘Dragon Ball Z’, que eso sí, nunca entrena. Que tiene la vanidad de un narciso y el ego tan frágil como el de un helado puesto al aire libre en una playa de Santa Marta. Sádico, psicópata, infantil, su desarrollo de personaje se ve en cuatro temporadas: comienza siendo un mono de feria, se va apoderando de su naturaleza dejando un reguero de sangre en el camino, y va tomando el poder hasta llegar a casi la presidencia de Estados Unidos.
Cosa que no le basta, porque le grita desesperadamente a su secuaz sedienta de poder, Sister Sage (interpretada por Susan Heyward), que lo que quiere es lo que ella le prometió, ser el mismo Julio César, con toda la grandeza legendaria que eso implica. Pero este Calígula, este Nerón, sabe en el fondo que le falta ‘pelo pa moña’. Ella también.
Incluso sus peores enemigos, que nacieron, así como él, del cómic de Garth Ennis, (tan sangriento como cínico) , donde mostraba cómo Vought, una mega corporación estadounidense, era la que fabricaba estos superheroes en serie, los explotaba según sus intereses, y los desechaba cuando no les servía más, así como había arruinado miles de vidas.
Contra ellos está el grupo liderado por Billy Butcher (interpretado por un desatado Karl Urban), que poco a poco va perdiendo sus límites morales, y secundado por Hughie Campbell (Jack Quaid), que se une al grupo luego de que literalmente un súper hace añicos a su novia, Mother’s Milk, la voz de la razón del grupo ( Laz Alonso), Frenchie, el ‘loco’ francés que tiene ideas creativas sobre cómo matar súpers (Tomer Capone), y por Kimiko, la pequeña súper asesina japonesa que causa horror y simpatiá tanto por sus formas de matar como por su ternura ( Karen Fukuhara). A ellos se les une Annie January, ‘Starlight’, ( Erin Moriarty), antigua integrante de ‘Los Siete’, el principal grupo corporativo de superhéroes de Vought, y quien es símbolo de resistencia contra Homelander.
Ahora bien, no solo lo fantástico de esta serie es ver una combinación de escenas francamente repugnantes, inmensamente surreales (como estrellar una lancha contra una ballena), o la complejidad de la historia de cada personaje, o que su showrunner, Garth Ennis, haya traído al elenco de ‘Supernatural’ a este universo, con Soldier Boy (una versión degenerada del ‘Capitán América’ interpretada por Jensen Ackles). Es el worldbuilding corporativo que parodia precisamente todo este mundo.
Vought presenta… el universo de ‘The Boys’ es lo más magnífico de la serie
Hay de todo. Desde las parodias del comercial de Kendall Jenner con Pepsi que hace A- Train, hasta la canción de ‘Imagine’ que cantó tan indolentemente Gal Gadot en pandemia.
Canales de televisión de Vought hasta en español, como Voughtemundo, y la misma compañía tiene su propia cuenta en Instagram y en Youtube en la vida real, donde muestra sus podcasts, noticias y otros productos mediáticos como si existiese en nuestro universo. Hay plataformas como Vought- Plus, shows de patinaje y hasta podcasts que parodian la manósfera, como el que tiene el patético lamebotas de Homelander, el súper del mar, Profundo (Chace Crawford, ex Gossip Girl, en el papel de su vida), acosador sexual y quien encarna también un segmento tipo Daniel Habif con sus pensamientos ‘Profundos’.
Cada producto está pensado, claramente, para burlarse de la cultura y la política actual, con un equipo que ha acertado hasta de manera temible en lo que ha pasado. De hecho, la cuarta temporada resultó siendo la más criticada por los fans ‘antiwoke’ pues era un reflejo absoluto del auge de la neoderecha y de Trump mismo al poder, tanto que la serie parecía más un documental, un oráculo, que una parodia.
Sin embargo, siempre fue así desde la primera temporada, mostrando cómo el “sueño estadounidense”, incluso la leyenda de sus héroes era un producto corporativo usado según la ambición de algunos, porque el Compuesto V era lo que daba a la gente poderes para triunfar (o no, hay un spin-off animado de la serie que muestra lo que le pasa a la gente con poderes inútiles) en un mundo donde si eres súperhéroe y aclamado, lo tienes todo.
Lo fascinante es que para esta quinta temporada y final Homelander lo tiene, incluso puede tener la Casa Blanca, como sucede en el cómic. Pero no tiene nada en realidad: en cada temporada se ve su deterioro mental, su fragmentación, su resquebrajamiento de identidad, y sus esfuerzos desesperados por construir una con muchas matanzas de por medio.
Esto, mientras enfrenta el envejecimiento (como cualquier humano que desprecia), el hecho de que su hijo Ryan, producto de una violación hacia la esposa de Butcher, lo detesta en realidad y a su misma naturaleza, y que en el fondo, como a cualquier hombre must be de la manósfera, las personas solo se le acercan porque le temen, lo toleran porque le temen, lo aceptan solamente por lo que representa, y lo aman de dientes para afuera.
Es un monstruo, un producto fallido, y cada persona que lo ha enfrentado y le ha dicho lo mismo, viva o muerta, tiene más razón de lo que él admite, así se tome Estados Unidos bajo su mando, con campos de concentración incluidos, y ataques hacia la libertad de expresión. O incluso haciéndose de nuevos enemigos hasta con los personajes del spin-off de la serie, ‘Gen- V’, que lucharán contra él en esta temporada, que va hasta el 20 de mayo y es la final.
A-Tran se fue con la frente en alto y diciéndole sus verdades a Homelander.#TheBoys pic.twitter.com/tpFkE3OI3E
— CINE+ (@TheCinePlus) April 8, 2026
Antony Starr ha logrado encarnar este súper héroe, el villano por excelencia, como una estatua agrietada que es reflejo de la fatiga cultural ante esas historias luego de una década de dos compañías sacando historias suyas, una tras otra, donde ellos siempre ganaban y representaban lo mismo. Homelander y ‘The Boys’ destruyeron todo eso: bajo la sonrisa de un superhéroe hay montones de sangre derramada, vidas pisoteadas, y sobre todo, montones de gente que lo desprecian.
Pobrecito Homelander, que no tiene quien lo quiera.
