La reciente portada de Harper’s Bazaar con Antonela Roccuzzo ha desatado un incendio en redes sociales que va más allá de la moda. Bajo el título “Una historia de resiliencia”, la revista presenta la vida de la empresaria argentina, enfocándose en el desafío emocional que supuso dejar su Rosario natal a los 19 años para mudarse a España, lejos de su círculo de contención.
Sin embargo, para gran parte del público, el uso de la palabra “resiliencia” en este contexto ha resultado una provocación.
El foco del conflicto: ¿Qué es realmente ser resiliente?
La indignación en plataformas como X (antes Twitter) no tardó en estallar. El argumento principal de los detractores es sencillo: el privilegio económico anula, a ojos de muchos, la posibilidad de sufrir adversidades dignas de ese nombre.
- La crítica social: Muchos usuarios compararon la historia de Antonela con situaciones de supervivencia extrema. “Resiliencia es la de mi madre que con una enfermedad grave iba a trabajar cruzando la ciudad en transporte público, no la de alguien que lo tiene todo”, fue el sentimiento generalizado.
- La banalización del término: Existe la percepción de que el marketing actual intenta “humanizar” a figuras millonarias atribuyéndoles luchas que, frente a la pobreza o la enfermedad, parecen triviales. ¿Es adaptarse a una vida de lujos un acto de resiliencia o simplemente un cambio de entorno confortable?
El desarraigo: la defensa de la salud emocional
Por otro lado, un sector de la audiencia y la propia entrevista plantean una visión distinta. La resiliencia, por definición psicológica, es la capacidad de adaptarse a situaciones adversas y salir fortalecido de ellas.
“Fue difícil cuando me mudé porque mi familia y mis amigas eran mi nido... Me retó a moverme, a resolver y a salir de mi zona de confort”, explica Antonela en la nota.
Quienes la defienden sostienen que:
- No es una competencia de dolor: el hecho de que una persona sufra carencias extremas no invalida el dolor emocional de otra. El desarraigo, la soledad y la pérdida de momentos familiares son realidades que el dinero no siempre puede llenar.
- La salud mental es universal: el éxito económico no inmuniza contra la nostalgia o la dificultad de forjar una identidad propia a la sombra de una figura mundial como Lionel Messi.
¿Empatía o desconexión?
El debate pone sobre la mesa una pregunta incómoda para los medios de comunicación: ¿Se puede hablar de “lucha” cuando el contexto es la opulencia?
Mientras que para Harper’s Bazaar el valor de Antonela reside en su capacidad para mantener sus raíces y “tirar para adelante” en un entorno extraño, para el público general, la palabra resiliencia debería reservarse para quienes enfrentan barreras sistémicas, no para quienes tienen el mundo a sus pies.
Al final del día, la polémica nos recuerda que el lenguaje es político. Lo que para una revista es una historia de superación personal, para una sociedad agotada por la desigualdad suena a una desconexión absoluta con la realidad.
¿Crees que el término “resiliencia” ha perdido su significado original?
