Hay amores que no terminan, solo se transforman. Y si alguien ha dado una cátedra magistral sobre cómo pasar del “Soldado del amor” al “mejor amigo del ex”, esos son Lucero y Manuel Mijares. En una charla llena de risas, complicidad y una que otra broma amistosa, los artistas mexicanos nos abrieron las puertas de su dinámica actual.
Aunque el mundo se detuvo aquel 18 de enero de 1997 cuando se casaron en una boda televisada que paralizó al continente, Lucero y Mijares llevan, en sus propias palabras, “doscientos mil años” conociéndose. Lo curioso es que, a pesar de haber compartido una vida, dos hijos (José Manuel y la talentosísima Lucerito Mijares) y una infinidad de anécdotas, nunca habían hecho una gira juntos mientras fueron esposos.
¿La razón? Lucero lo explica entre risas con esa chispa que la caracteriza: “Es que yo no cantaba a su nivel, tuve que tomar clases de canto para llegar al nivel del señor Mijares y ahora que tengo más edad, ya puedo cantar un poquito mejor”. Pero Mijares, con su caballerosidad habitual, tiene otra versión: “Fue una negativa de Lucerito, ella nunca quiso hacer shows conmigo mientras estábamos casados”.
Esta “guerra de egos” juguetona es el corazón de su relación actual. No se ven como exesposos resentidos, sino como dos cómplices que se divierten recordando quién era más famoso en los 90.
El secreto de la eterna juventud (y la madurez bella)
Es imposible verlos y no preguntarse cómo lo hacen. Ambos se autodefinen como “jóvenes maduros y bellos”. Lucero, que está celebrando 46 años de trayectoria, sigue conservando la sonrisa que enamoró a América en “Chispita”, mientras que Manuel celebra 40 años de carrera con la voz intacta.
Lo que realmente sorprende es la naturalidad con la que manejan su cercanía. En la entrevista, no faltaron las bromas sobre la edad. “Yo soy más grande”, admitía Manuel, mientras Lucero bromeaba sobre cómo lo “peluceaba” (lo hacía menos) en sus épocas de mayor fama. Esa capacidad de reírse de su propia historia es, quizás, el secreto mejor guardado de su excelente relación post-divorcio. No hay tensiones, solo una admiración mutua que traspasa la pantalla.
“Hasta que se nos hizo”: El show que rompe las reglas
El nombre de su gira no es casualidad. “Hasta que se nos hizo cantar juntos después de tantos años”, dice Lucero. Lo que los fans encontrarán en Quito y Guayaquil no es un “biconcierto” (donde cada uno canta su parte y se va), sino una verdadera integración.
¿Se imaginan a Mijares cantando “Vete con ella”? Lucero lo retó en plena charla: “¡Te reto! Vete con ella vida...”. Y Manuel, con su tono barítono inconfundible, le siguió el juego. Por su parte, ella se ha autoproclamado la “Coronela del Amor”, haciendo su propia versión de los éxitos de Manuel.
“Es un show muy dinámico. Cantamos juntos algunas canciones, yo canto las de ella, ella las mías”, explica Mijares. Es un intercambio de legados musicales que celebra no solo sus carreras, sino la familia que siguen siendo.
Para Lucero, volver a Ecuador es casi un evento nostálgico. “Tengo muchísimos años de no ir y de verdad extraño a la gente de Ecuador porque son tan cariñosos, calurosos y emotivos”. Manuel, quien visitó el país hace un par de años, coincide en que el público ecuatoriano tiene una memoria musical envidiable, coreando desde “Para amarnos más” hasta los temas más actuales.
El público joven también ha jugado un papel fundamental en este “renacimiento”. Gracias a las redes sociales y a programas de concurso, las nuevas generaciones han redescubierto que Lucero y Mijares no son solo “los papás de Lucerito”, sino dos titanes de la balada y el pop en español.
¿Quién manda a quién?: Aunque en el escenario parecen una unidad perfecta, en las entrevistas queda claro que Lucero sigue teniendo esa energía mandona y divertida que Manuel acepta con una sonrisa resignada.
Para combatir el clima, Manuel prefiere un café caliente, mientras que Lucero se declara fan del chocolate, un gusto que espera disfrutar en las tierras ecuatorianas.
Más allá de las luces y los aplausos, la historia de Lucero y Mijares es un bálsamo en una época de rupturas mediáticas escandalosas. Nos enseñan que el amor de pareja puede terminar, pero el respeto y el cariño por la historia compartida pueden construir algo mucho más fuerte.
Verlos juntos en el escenario es ver a dos personas que se eligieron para formar una familia, se eligieron para separarse y ahora se eligen, de nuevo, para trabajar y disfrutar de la vida. Como diría la canción, se trata de ese privilegio de amar que, en su caso, se ha convertido en el privilegio de ser mejores amigos.
