Guayaquil, tierra de sabor, de barrio, de recuerdos que laten como un tamborcito en el pecho. Esa esencia vibra también en la más reciente obra audiovisual de Mirella Cesa, el video musical de su sencillo Ceviche de maní, estrenado hoy y grabado en el barrio que la vio crecer.
Pero junto al ritmo pegajoso y la narrativa que mezcla lo cotidiano con lo profundo, hay algo que llama la atención, el vestido que Mirella luce en la producción. Una pieza con alma, con historia y, sobre todo, con raíces. Porque no es cualquier atuendo.
Antes de que el video vea la luz, la misma Mirella compartió en sus redes que detrás de cada fibra está María José González, una artesana y artista Guayaquileña que pone su alma en cada tejido y bordado. Con una serie de imágenes y videos, Mirella muestra que se trata de una pieza que nació de la paciencia, del tejido lento y del bordado que guarda historias.
No era una pieza cualquiera. Ya la había usado antes en la gala Person of the Year de los Latin Grammys. Pero Mirella quiso que ese vestido siguiera viviendo, que respirara calle, sabor y raíz guayaquileña. Y qué mejor lugar para hacerlo que en un video que es, también, una carta de amor a su ciudad y a los encuentros improbables.
Más que un video musical: un viaje emocional
Ceviche de maní no es solo una canción, es una historia que habla del encuentro de dos mundos, como ingredientes distintos que se fusionan para crear algo irresistible.
El clip fue grabado en escenarios que marcaron la infancia de Mirella, desde calles con casas antiguas hasta rincones recorridos en un gusanito, un medio de transporte recreativo que divierte especialmente a los más pequeños.

La artista, con casi dos décadas de carrera, ha compartido que esta canción es sobre esos amores improbables, esos encuentros que parecen no tener lógica pero que terminan siendo mágicos. Y así como lo musical recorre lo emocional, lo visual abraza lo auténtico, el barrio, la memoria, lo vivido y lo sentido.
Un vestido que es corazón tejido
Lo más hermoso de la pieza que Mirella escogió para este video es que no fue pensada solamente para verse bien, sino para sentirse como símbolo. Esta pieza representa la paciencia, las raíces y la tradición: está hecho a mano y bordado con historias que se encaran con cada puntada.
Al destacar el trabajo de Pepa González, Mirella recuerda la importancia de visibilizar el trabajo artesanal y creativo que sostiene cada puesta en escena musical. Detrás de una canción y de un video hay manos, tiempo y saberes que merecen ser nombrados.

Al reconocer a la diseñadora por la creación del vestido, Mirella Cesa pone en el centro a quienes construyen el relato desde el vestuario y la estética, reivindicando el valor de otro tipo de artistas que, desde el detalle y la paciencia, hacen posible que la música también se vea.
Luces, cámara y corazón
La emoción de Mirella por este lanzamiento fue palpable. En redes, escribió que cada propuesta independiente lleva tanto trabajo y corazón que verlos llegar a la luz es un motivo de alegría y orgullo profundo.
Agradeció a todas las personas que pusieron su corazón en la creación audiovisual, desde la dirección, la cámara, la edición y, por supuesto, el vestuario que ahora es protagonista de una conversación cultural.
